Quizás creamos que sabemos qué efectos produce cada color. Pero, ¿de verdad los colores cambian nuestro comportamiento?
Si se analizan las investigaciones científicas disponibles, los resultados divergen e incluso a veces son contradictorios.
El rojo es el color más estudiado, y tiende a ser comparado con el azul o el verde. Algunos estudios han concluido que las personas realizan mejor las tareas cognitivas cuando están rodeados de rojo, en lugar de azul o verde. Pero otros muestran exactamente lo contrario.
El mecanismo que suele citarse más en los estudios es el condicionamiento, reseñó una publicación de la BBC Mundo.
La idea es que si tienes una determinada experiencia repetidamente, rodeado siempre de un cierto color, empiezas a asociar ese color con la forma en que te sentiste o te comportaste en ese momento.
Se ha sugerido que pasar tu vida escolar viendo los círculos rojos del profesor sobre tus errores hace que vincules para siempre el rojo con el peligro.
Y que esta idea se refuerza con el hecho de que las frutas venenosas son normalmente rojas.
El azul, sin embargo, tiende a asociarse con situaciones más tranquilas, como observar el mar o maravillarse frente al cielo.
Por supuesto siempre va a haber excepciones: el comentario del profesor que dice «bien hecho» también está escrito en rojo y las frambuesas son rojas y se pueden comer.
Detalles Es cierto que la gente hace distintas asociaciones con distintos colores, pero es algo distinto ver si esto se traduce en un determinado comportamiento o en el éxito a la hora de realizar una tarea.
Investigadores de la Universidad de British Columbia, en Canadá, intentaron en 2009 clarificar la situación de una vez por todas.
Sentaron a los participantes en un experimento frente a pantallas de computador pintadas de azul, de rojo o de un color «neutral» y evaluaron cómo desempeñaban distintas tareas.
Con una pantalla roja, la gente realizaba mejor los test de memoria y de corrección de texto que requerían poner atención en los detalles.
Cuando la pantalla era azul, lo hacían mejor en las tareas creativas, como la de pensar en todos los usos posibles de un ladrillo.
Los autores especularon que el rojo indicaba «evitar» por lo que los participantes eran más cuidadosos, mientras que el azul motivaba un comportamiento de «acercamiento» que hacía que se sintieran más libres a la hora de pensar, lo que resultaba en una mayor creatividad.
Para evaluar esta idea, los investigadores pidieron a los voluntarios que resolvieran anagramas de distintas palabras.
Los sujetos tendían a resolver antes las palabras que sugerían rechazo si se presentaban con un fondo rojo, y las que sugerían acercamiento si se presentaban en un fondo azul, lo que sugiere que en sus mentes asociaban los colores con los comportamientos.
Pero cuando otro equipo intentó replicar esta parte del estudio con un grupo de personas mayor, en 2014, el efecto del color desapareció.
El estudio inicial se hizo con solo 69 personas, mientras que en este otro participaron 263 voluntarios.
Puede ser que los colores tengan un efecto, pero hasta ahora ha sido difícil demostrar esos efectos de forma consistente y a veces parece que no existen para nada.
Empieza a haber mejores estudios pero quizás pase todavía tiempo hasta que tengamos una idea clara de cómo nos afecta el color, y mucho más para entender los mecanismos por los que esto sucede. De momento, la decoración de interiores debería más que nunca mezclar el gusto personal con el talento artístico.