Cinco días después del doble terremoto, La Guaira sigue marcada por los escombros, la improvisación y la espera. Vecinos de distintas zonas denuncian que civiles cavan con lo que tienen a mano mientras los cuerpos de seguridad permanecen inmóviles.
Rescatistas y vecinos se aferran a cualquier señal bajo el concreto
Este domingo, la jornada dejó uno de los pocos alivios de medio del desastre: los bomberos de Fairfax lograron sacar con vida a un padre y a su hijo. En otro punto, los equipos internacionales reportaron haber escuchado dos golpes bajo una estructura cercana, en medio del silencio absoluto que exige el perímetro para intentar captar señales de vida.
La presión también se trasladó a las redes sociales. Erik Poletti pasó días publicando videos desde la residencia Bravamar, en Caribe, para exigir maquinaria pesada. Ante la falta de respuesta institucional, él y sus vecinos contrataron una máquina por su cuenta para empezar a remover el concreto donde permanecen atrapados su esposa, su hijo y nueve personas más.
Después se sumaron Bomberos, Protección Civil y un equipo de rescate de República Dominicana, pero Poletti señaló que la ayuda se concentra en las avenidas principales y no llega a las zonas periféricas.
Catia La Mar, Tanaguarenas y Caraballeda repiten el mismo reclamo
La escena se repite a lo largo de la costa. En Catia La Mar, los vecinos del edificio Belo Horizonte piden equipos de excavación; aunque ya recuperaron cuerpos sin vida, se niegan a asumir que el tiempo se agotó para los demás.
En Tanaguarenas, una madre acudió a los medios locales para exigir cuadrillas al supermercado Rita Azul, convencida de que su hijo sigue atrapado en el interior. En Playa Grande, Franklin Márquez, comandante retirado de bomberos, resumió la impotencia de los rescatistas: «Es un trago amargo tener a la persona ahí y saber que no puedes hacer nada porque nos hace falta el recurso».
«Es un trago amargo tener a la persona ahí y saber que no puedes hacer nada porque nos hace falta el recurso»
Franklin Márquez, comandante retirado de bomberos
El descontento fue más evidente en Caraballeda, frente a las estructuras colapsadas de la Gran Misión Vivienda Venezuela. Un vecino confrontó a los efectivos militares desplegados en la zona y les pidió sumarse a las labores con picos y palas para evitar que las víctimas terminen en fosas comunes.
En otros puntos del litoral, la frustración llevó a comunidades organizadas a retener maquinaria pesada en tránsito para obligar a los operarios a trabajar en sus sectores. Con la caída del sol, las tareas se complican aún más: los sobrevivientes afrontan su quinta noche a la intemperie y la falta de energía eléctrica en áreas críticas como Catia La Mar paraliza las búsquedas nocturnas.
La ayuda internacional llega, pero el tiempo juega en contra
La ayuda internacional sigue entrando al país. Según el reporte oficial de Delcy Rodríguez, Venezuela ha recibido 521 toneladas de insumos, 86 binomios caninos y más de 2.700 especialistas en búsqueda y rescate de 24 naciones.
Entre los contingentes internacionales, el equipo turco de la AFAD inició operaciones este domingo en un edificio de 14 pisos destruido en el barrio La Páez. Aun así, desde el sábado varios expertos internacionales comenzaron a descartar estructuras al no detectar señales térmicas o acústicas de habitabilidad.
José Luis Núñez, director del Grupo de Rescate Metropolitano de Caracas, recordó que existen antecedentes de sobrevivencia de hasta doce días bajo estructuras colapsadas. A esa posibilidad se aferran las familias, mientras La Guaira cierra el quinto día con la misma urgencia del primero: cientos de personas buscando respuestas bajo el concreto y una gestión de crisis que todavía no logra cubrir la magnitud de la pérdida.
