Caía la noche del miércoles cuando William Vera, un chef de 24 años residente en Caracas, se encontraba en la cocina de un apartamento frente al mar junto a su novia y su suegra, tras haber pasado el día en la playa.
William había viajado desde la capital hasta la costa venezolana para compartir una jornada festiva con su pareja y la madre de ella, quienes ocupaban el inmueble ubicado cerca de la línea de costa.
La relación entre los tres era reciente, pero ya habían comenzado a hacer planes de futuro; la joven estaba en proceso de vender el apartamento de la playa para mudarse a Caracas, acercándose así a su novio.
Después de disfrutar de una fiesta en el mar, el trío regresó al apartamento únicamente para recoger al cachorro de William, un perro enfermo que el chef no quería dejar solo, con la intención de comer algo y luego volver a bajar a la playa.
