La figura de la Asamblea Constituyente puede convertirse en un mecanismo de transformación total del ordenamiento jurídico, pero también en una vía para concentrar poder en una cúpula sin contrapesos. En Venezuela, su convocatoria terminó alterando el principio de independencia, autonomía y separación de los poderes públicos.
Un mecanismo que absorbió los poderes del Estado
Bajo la Constitución de 1961, la realización de una Constituyente no estaba prevista. Aun así, fue convocada en violación de las formas y procedimientos establecidos, con consecuencias que, de acuerdo con este enfoque, resultaron nefastas para el sistema institucional. Una vez instalada, comenzó a remover a la mayoría de los magistrados y otros altos cargos, mientras designaba a personas cercanas al poder, lo que habría provocado la implosión de la democracia.
Desde esa perspectiva, Hugo Chávez aprovechó el impulso político de su reciente triunfo electoral para impulsar una Constituyente que absorbió todos los poderes del Estado. Con ello, quedó con un amplio margen de acción para imponer decisiones sin mayores límites institucionales.
Del predominio mayoritario al control de una minoría
Con el paso del tiempo, el liderazgo de Chávez perdió fuerza y el escenario político pasó de una tiranía de la mayoría a una tiranía de la minoría. Ese cambio se hizo visible cuando perdió el referéndum para reformar la Constitución.
