Con la llegada del verano y la exposición al sol, el protector solar vuelve a ocupar un lugar central en la rutina de muchas personas. Sin embargo, un…
Con la llegada del verano y la exposición al sol, el protector solar vuelve a ocupar un lugar central en la rutina de muchas personas. Sin embargo, un análisis sobre TikTok concluye que, aunque la gran mayoría de los videos respaldan su uso, los contenidos que siembran dudas o difunden afirmaciones falsas logran más interacción y visibilidad.
La mayoría apoya el uso de crema solar
Un equipo de la Universidad de Alberta, en Canadá, analizó los 971 videos más vistos en TikTok sobre protectores solares. Los resultados muestran que el 86,8% promueve el uso del producto, mientras que solo el 6% lo critica. Dentro de ese grupo minoritario, un 1,5% asegura que el protector solar causa daño y un 1,2% sostiene que impide la síntesis de vitamina D.
Pese a ser menos numerosos, esos videos críticos concentran más likes, comentarios y comparticiones que los contenidos con mayor rigor informativo, que suelen quedarse con menos alcance.
Otra revisión encontró baja precisión
Los hallazgos coinciden con otra investigación publicada en JMIR Dermatology, que revisó los 100 videos con más likes en la plataforma. Ese trabajo detectó que el 74% del contenido mantenía una postura positiva hacia el protector solar, pero solo el 35% era preciso, frente a un 6% de contenido directamente inexacto.
La preocupación principal es que los videos que alimentan dudas o bulos, incluso sin respaldo, tienden a recibir más atención que los mensajes basados en evidencia.
Los principales bulos sobre el protector solar
Entre las afirmaciones más repetidas en redes figura la idea de que el protector solar causa cáncer. Esa asociación no cuenta con evidencia científica; por el contrario, el uso regular de esta protección se ha vinculado con una reducción aproximada del 50% en la incidencia de melanoma y del 40% en la de carcinoma.
La Skin Cancer Foundation señala que no hay evidencia de que el protector cause cáncer de piel, una postura que también respaldan las guías de la American Academy of Dermatology.
Otro argumento frecuente sostiene que el protector solar bloquea la vitamina D. No obstante, un artículo sobre cómo afecta la crema solar a la producción de vitamina D explica que no existe evidencia científica que apunte a ese bloqueo, y que las personas que usan esta protección de forma habitual mantienen niveles de vitamina D.
También circula la idea de que las cremas están contaminadas con benceno. En realidad, ese problema se asoció con un control de calidad deficiente en la fabricación de lotes concretos, no con un riesgo inherente a todos los protectores solares. La FDA indicó que las mediciones de Valisure, la empresa que detectó el problema, eran más altas de lo que debían ser.
A eso se suma que dicha empresa tenía conflictos de interés no revelados y un historial de pruebas inexactas.
El “callo solar” no protege
La llamada idea del “callo solar”, que propone entrenar la piel con exposición al sol para volverla más resistente, también carece de sustento y resulta peligrosa. Lejos de proteger, expone la piel a daños serios y eleva el riesgo de cáncer, porque la radiación ultravioleta actúa como un carcinógeno acumulativo.
Una minoría con gran alcance
Michelle Wong, divulgadora científica de Lab Muffin Beauty Science, ha insistido en desmentir de forma recurrente los bulos sobre protección solar. En una valoración recogida por Science Media Centre, señaló que la desinformación sobre salud relacionada con los protectores solares representa una minoría dentro de TikTok, especialmente entre los videos que no incluyen mensajes positivos sobre estos productos.
Wong advierte que, aunque sea minoritario, ese contenido resulta influyente, porque la exposición repetida puede aumentar la percepción de que es verdadero entre distintos públicos. En línea con esa preocupación, un reporte sobre el auge del movimiento anti protector solar también apunta al crecimiento de discursos contrarios a este tipo de protección.
En ese contexto, la investigación concluye que el contenido falso o engañoso no necesita ser mayoritario para generar impacto: basta con que reciba suficiente interacción para amplificar su alcance.