Durante años circuló la creencia de que un cactus junto al ordenador ayudaba a protegerse de la radiación. La explicación parecía sencilla, pero no tenía base científica.

Un rumor viejo que nació antes de las redes

La versión más citada del origen del mito apunta a una observación realizada en el instituto de geobiología de Chardonne, Suiza, en 1987. Se cree que proviene de la percepción de algunos empleados, que decían sentirse menos cansados y con menos dolor de cabeza al colocar un cactus junto al monitor.

Con el tiempo, a esa anécdota se le sumó la mención de un supuesto estudio de la NASA, pero sin enlaces ni detalles que la sostuvieran. Así, una idea débil terminó vestida con apariencia de rigor científico.

La radiación del ordenador no funciona como decía el mito

La confusión también se alimentó del miedo general a la palabra radiación, reforzado por el desastre nuclear de Chernóbil. Pero no toda radiación es igual. La que emite un ordenador es una radiación electromagnética de baja frecuencia, no ionizante, incapaz de alterar nuestras células.

La explicación de por qué se eligió un cactus también parece más intuitiva que real: se asumió que, como contiene mucha agua, podría absorber la radiación. Sin embargo, el agua absorbe la radiación en ciertos contextos, pero eso no convierte a la planta en un escudo eficaz frente al campo electromagnético de un ordenador.

El experimento que dejó el efecto en cero

En 2018, un grupo de científicos turcos decidió comprobar si se producían cambios en el campo electromagnético por poner un cactus cerca de la pantalla. Trabajaron con monitores LCD y con monitores antiguos de tubo, además de distintas variedades de cactus, incluso algunos de gran tamaño.

Midieron el campo electromagnético en varias posiciones y la conclusión fue clara: el efecto era nulo. En otras palabras, el cactus no aportaba ninguna protección real.

Aun así, la idea siguió viva y llegó incluso a ser aprovechada por vendedores de cactus.