Experta en cirugía de cataratas, esta oftalmólogo reúne técnica, conocimiento y ciencia en el tratamiento de afecciones oculares.
Desde que tiene uso de razón, Vanessa Casas-González (Maracaibo, 1982) ha escuchado infinitas veces los términos esclerótica, iris, retina, fondo de ojos… La relación con la oftalmología le viene de casta. Encarna, si se quiere, una real demostración del carácter hereditario de las conductas. Hija y nieta de oftalmólogos, siguió por un camino similar, en épocas distintas.Verbo seguro, aderezado con vocablos técnicos referidos a una especialización clínica que, en Venezuela “cuenta con la misma tecnología que tienen países del primer mundo”. Sus cursos de especialización en Estados Unidos, Latinoamérica y Europa dan sustento vivencial a la afirmación que hace, convencida. “Aquí se hace oftalmología al mismo nivel que se hace, por ejemplo, en Estados Unidos”, reafirma.Quien haya recorrido los pasillos del casi centenario Centro Médico de Occidente (CMO) de Maracaibo con ánimo curioso de la plantilla médica se ha encontrado, de seguro, con el apellido Casas como referente de conocimiento sobre los ojos. Esos que, Casas-González señala, citando un viejo adagio popular, “son la ventana del alma”. Mezclando rápidamente la sabiduría popular con la ciencia médica, añade: “…del alma y del cuerpo.Porque con un fondo de ojos (un estandarizado y extendido examen oftálmico) puedo decirte, en vivo, si tienes alguna enfermedad”.Enumera. “Hipertensión arterial, diabetes, toxoplasmosis… Son muchas las patologías que inciden directamente en los ojos”. Egresada de la ilustre Universidad del Zulia (2007), en esta misma universidad continuó estudios de especialización. Sus manos han intervenido ojos no solo en el CMO (una de las clínicas privadas con más renombre en el occidente del país) sino en hospitales públicos como el primogénito Hospital Central Dr. Urquinaona (el más antiguo de Venezuela) y el Hospital Manuel Noriega Trigo, del Instituto Venezolano de los Seguros Sociales (Ivss), ambos en Maracaibo. El 60% de los pacientes que acuden a su consulta lo hacen por una sentencia que el inexorable tiempo ejecuta en todos los seres humanos. La catarata, una patología que supone la opacidad progresiva del cristalino, la lente natural con la que está dotado el ojo humano. “El envejecimiento del cristalino no hace distinciones. Todos padeceremoscataratas. Produce una pérdida progresiva de la visión”, sentencia.“A todos nos salen, como las canas. Pero la tecnología hace que hoy la intervención se haga con muy bajo riesgo, con anestesia tópica. Un ojo primero y, en una semana, el otro”, explica. Tecnifica la clase denominando al proceso por su nombre real: facoemulsificación. “El cristalino es denso. Lo ponemos más liviano para poderlo triturar”. La receta para proteger el ojo es, además de no exponerlo a factores de riesgo conocidos (en instalaciones industriales hay que cubrirlo con equipos adecuados, por ejemplo), a juicio de Casas-González, una alimentación sana. El chequeo anual es recomendable para todos, y si se tiene una patología visual, aumentar la frecuencia a dos visitas al oftalmólogo al año. El conocimiento le permite a la oftalmólogo contradecir con holgura y seguridad las recetas de las abuelitas. “La manzanilla, por ejemplo, hace un daño terrible. Lo que libera, ese ‘polvillo’, es un agente irritante. Más que aliviar al ojo lo irrita más”, dice.Confirma que la inserción del lente intraocular para sustituir a un cristalino opaco sigue siendo la ‘reina’ de la cirugía oftálmica. “La mayoría de los pacientes son abuelitos. Pero aunque la senil es la más frecuente de las cataratas, hay otros, muchos tipos”, ilustra.“Congénita, complicada, medicamentosa (frecuentes son los casos por uso continuo de esteroides en el tratamiento de enfermedades degenerativas como el Lupus), por diabetes, e incluso por traumas”.Casas-González se ha preparado no solo para intervenir lo interno de las estructuras oculares sino también las externas. A la necesidad de actualizar permanentemente su conocimiento sobre la oftalmología, las técnicas quirúrgicas y los nuevos procedimientos, en un constante aprendizaje, desea profundizar aún más en el campo de la plástica alrededor de los ojos. Ya lo hizo como participante en programas de formación en México y los Estados Unidos. Miembro de la American Academy of Ophtalmology, ha participado en decena y media de congresos en Venezuela, Argentina, Colombia y los Estados Unidos. Representante de una generación que inició Rafael Casas Hernández (su abuelo) y siguió su papá, Alberto Casas Baptista, Vanessa encarna la representación criolla de talento, gentileza y formación técnica de la Venezuela de hoy.