El 35,6 % de los jóvenes de 15 a 29 años residentes en España que consumen o han consumido alcohol afirma haber reducido su ingesta en los últimos años, mientras que un 17,3 % asegura haber dejado de beber. El dato forma parte de un estudio de Fad Juventud presentado este lunes en Madrid.
Un cambio parcial en los hábitos de consumo
La investigación, titulada ¿Raro por qué? Discursos juveniles en torno al no consumo de alcohol, fue elaborada por Fad Juventud y presentada por el Ayuntamiento de Madrid con la colaboración de la Delegación del Gobierno para el Plan Nacional sobre Drogas.
En la presentación, Inmaculada Sanz señaló que se trata de una juventud “mucho más consciente de los riesgos para la salud y para el comportamiento que tiene el alcohol”, aunque advirtió de que el cambio “no quiere decir que haya sido completo”.
La directora general de Fad Juventud, Beatriz Martín, sostuvo que el estudio muestra que no existe una única forma de relacionarse con el alcohol: hay jóvenes que mantienen consumos habituales, otros que han decidido reducirlos o abandonarlos y otros que no los han iniciado.
La presión del grupo sigue pesando en el ocio
Para el estudio se realizaron cuatro grupos de discusión con jóvenes de entre 18 y 28 años, con distintos niveles de consumo, y se tomaron como base 1.200 encuestas a adolescentes y jóvenes de entre 15 y 29 años.
El trabajo concluye que el alcohol sigue teniendo un lugar destacado en las formas de ocio y socialización juveniles: seis de cada 10 jóvenes de entre 15 y 29 años lo consumen con frecuencia u ocasionalmente.
Entre los principales motivos para beber aparece la presión del entorno, sobre todo en grupos amplios fuera del círculo más íntimo. Según el estudio, quienes no beben pueden ser vistos como quienes “cortan el rollo”, “estropean la diversión” o sobran en el grupo.
La presión social también lleva a muchos jóvenes a explicarse o justificar por qué no beben. En la presentación, una participante llamada Gloria relató que incluso pedir agua en una cena con amigos puede generar preguntas o miradas que obligan a dar excusas, como decir que se conduce.
No beber también puede aislar
El informe señala que el no consumo de alcohol también puede tener consecuencias sociales, como dejar de salir de fiesta por sentir que no se encaja o alejarse de amistades que no comprenden esa decisión.
Entre quienes sí beben, el estudio recoge efectos y problemas asociados al consumo: gastar más dinero del previsto (20,1 %), tener problemas de sueño (16,8 %) o experimentar tristeza, apatía o falta de ánimo (15,5 %).
Además, una de cada 10 personas consultadas no ha experimentado ningún problema derivado del alcohol. El estudio también aborda el uso de bebidas energéticas y apunta que 2 de cada 10 consumidores de alcohol y de bebidas energéticas reconocen mezclarlas con bastante o mucha frecuencia.
Para quienes consumen con frecuencia, beber en contextos de ocio es algo “indispensable” y parte del ocio nocturno; para quienes optan por no hacerlo, esa decisión puede llegar a percibirse incluso como “heroica”.
Entre los motivos para dejar de beber figuran el arrepentimiento por lo ocurrido en estado de ebriedad, el control y la percepción de ser menos influenciables y tener más fuerza de voluntad.
