En la naturaleza se encuentran todos los ingredientes necesarios para el óptimo cuidado de nuestra piel y cabello, como es el caso del huevo, utilizado desde hace 3.000 años en tratamientos faciales debido a su valor nutricional y proteico.
La clara del huevo está conformada por agua y albúmina, una proteína que ayuda al rejuvenecimiento del rostro. El secreto de su efectividad se encuentra en que al aplicarla en la piel, el agua se evapora, la proteína se queda en los poros y produce el efecto de suavidad luminosa en la piel.
Por otro lado, la yema es rica en grasas y vitaminas A, D y E, perfecta para la piel seca y cabellos maltratados.
Otra particularidad del huevo es su alto índice de luteína, y como mineral, el azufre, componentes fundamentales en la producción de queratina y colágeno.
