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La Sagrada Familia, la obra de Gaudí que se convirtió en la iglesia más alta del mundo

La Sagrada Familia, el templo que Antoni Gaudí dejó en construcción al morir en 1926, alcanzó su pináculo central con la Torre de Jesucristo a 172,5 metros, una altura que la convierte en la iglesia más alta del mundo. Cien años después de la muerte del arquitecto, la obra emblemática de Barcelona sigue levantándose como uno de los desafíos de ingeniería más notables de la arquitectura moderna.

Gaudí y una “Biblia en piedra”

Gaudí murió luego de ser atropellado por un tranvía cuando iba camino a la iglesia. Días más tarde falleció en un hospital para indigentes. Para entonces, ya había dejado trazada una tarea enorme: una basílica pensada para seguir construyéndose mucho después de su muerte.

De acuerdo con especialistas citados en el proyecto, el arquitecto católico tenía dos grandes propósitos: crear una Biblia en piedra y, al mismo tiempo, corregir errores de estilos arquitectónicos anteriores. Para ello recurrió a una forma estructural antigua y estable, el arco catenario, inspirado en ejemplos como el Arco de Taq Kasra, en la antigua ciudad de Ctesifonte, en el actual Irak.

Gaudí consideraba que las grandes iglesias neogóticas dependían demasiado de arbotantes y otras soluciones que, para él, eran muletas para sostener edificios incapaces de soportar su propio peso. En cambio, apostó por torres capaces de sostenerse por sí mismas gracias a esa geometría.

Una arquitectura pensada como organismo vivo

Visto desde lejos, el templo se eleva sobre Barcelona como una gran forma orgánica. De cerca, esa impresión se acentúa: las fachadas, cargadas de escenas bíblicas, parecen surgir de la piedra. En el interior, las columnas ramificadas evocan árboles y sostienen la nave con una ligereza visual que se potencia por la luz naranja y roja filtrada por las vidrieras del oeste.

Gaudí fue rediseñando el templo a medida que avanzaba en su comprensión de las estructuras y de las fuerzas que actuaban sobre ellas. Según ingenieros vinculados a la obra, llegó a replantearla tres veces. Su intención fue eliminar bóvedas y arcos que no fueran estructuralmente necesarios y sustituirlos por columnas inspiradas en la naturaleza.

El reto de construir torres tan altas

La lógica de las torres era sencilla y económica en apariencia, pero su ejecución implicó grandes dificultades. La Torre de la Virgen María, de 138 metros, solo es superada por la Torre de Jesucristo, de 172,5 metros. Durante la construcción de la torre dedicada a la Virgen María, se advirtió que las columnas inferiores quedarían sobrecargadas si se utilizaban métodos tradicionales de mampostería o concreto armado revestido de piedra.

Para resolverlo, se planteó una estructura interna de acero, revestida con paneles de hormigón más delgados para reducir la carga. En 2014, la Sagrada Familia contrató a un equipo de ingeniería estructural de Arup, del Reino Unido, para trabajar en esa solución.

Los ingenieros propusieron luego un cambio radical: abandonar por completo la estructura de acero y el hormigón armado, y utilizar una capa más fina de piedra tensada con tendones de acero internos. Esa idea obligó a replantear el proyecto, que quedó temporalmente en suspenso antes de retomarse.

La piedra, el viento y la compresión

La base técnica de esta solución parte de una idea clara: la piedra resiste muy bien cuando está comprimida, pero se agrieta con facilidad cuando la tensión la separa. En torres expuestas al viento, esa tensión aparece en el lado de barlovento, lo que puede provocar grietas y daños.

La forma del arco catenario ayuda a mantener la piedra en compresión gracias a la propia masa de la torre. Al añadir paneles pretensados con tendones de acero en el interior, esa compresión aumenta y la estructura se vuelve más resistente. Además, los tendones colocados sobre y entre las ventanas ayudan a reforzar zonas especialmente vulnerables, algo importante en una basílica con amplias aberturas para permitir el paso de la luz.

La Torre de la Virgen María y otras cinco torres centrales, incluida la Torre de Jesucristo, fueron completadas con este sistema de paneles de piedra pretensados.

Una obra que sigue abierta

Gaudí también experimentó con distintos materiales en la Torre de San Bernabé, de la Fachada de la Natividad, que logró culminarse en vida del arquitecto. En su base utilizó arenisca de la cercana montaña de Montjuïc y, en la parte superior, cemento Portland, un material nuevo en Barcelona para la época.

El trabajo del arquitecto no estuvo exento de obstáculos posteriores. Sus bocetos y maquetas fueron destruidos durante la Guerra Civil Española, en 1936, lo que dejó a sus sucesores con pocos elementos de referencia. Aun así, la obra continuó y hoy mantiene parte de ese impulso original, con tecnologías modernas que ayudan tanto en la construcción como en la conservación.

La iglesia sigue inconclusa. Entre las áreas pendientes está la Fachada de la Gloria, la principal del templo. Incluso cuando la obra esté terminada, el edificio necesitará seguimiento continuo, ya que los cambios en el viento, la temperatura y el movimiento natural de la estructura pueden generar grietas en el interior y el exterior.

En el marco del centenario de la muerte de Gaudí, el papa León XIV presidirá una misa en el templo y bendecirá la recién culminada Torre de Jesucristo, la más alta de la basílica y la que corona una de las obras más ambiciosas de la arquitectura contemporánea.

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