En La Guaira, una mujer llegó “andando como un pingüinito y goteando” después de dar a luz sola y con restos de placenta retenidos. El doctor Romero y dos enfermeras la llevaron de inmediato al quirófano para evitar que se desangrara, en una escena que resume la urgencia sanitaria que dejó el terremoto en la zona.
La intervención se realizó en condiciones extremas: más de 40 grados, sin electricidad y con la única iluminación de los teléfonos celulares de las enfermeras. El cirujano logró extraer los restos con pinzas kocher de precisión quirúrgica, luego de abrirse paso con una cánula y completar el procedimiento en menos de una hora.
Un local comercial convertido en hospital
Lo que en otro contexto sería un restaurante de comida rápida se transformó en un hospital de campaña montado sobre la banqueta de un McDonald’s. Allí, médicos voluntarios atendieron a personas afectadas por el desastre, apoyados por donaciones de la sociedad civil, ante la falta de una respuesta institucional suficiente para cubrir la emergencia.
La escena se volvió símbolo de la improvisación con la que se intenta sostener la atención médica en la llamada zona cero del sismo venezolano. A una semana del movimiento telúrico, el lugar refleja tanto la magnitud de las necesidades como el vacío de protección para quienes quedaron atrapados entre la destrucción y la precariedad.
