Henri B. Kagan y Kenso Soai ganaron el premio Nobel de Química por el descubrimiento de efectos no lineales y de la autocatálisis en la síntesis orgánica asimétrica, un hallazgo que ayuda a explicar por qué los aminoácidos y los azúcares adoptan una orientación molecular concreta.
Qué reconoció la Academia Sueca
Muchas moléculas existen en dos versiones que son imagen especular una de la otra. En biología, esa diferencia importa: los aminoácidos de las proteínas son prácticamente siempre “izquierdos”, mientras que en el laboratorio una reacción sin nada que favorezca una versión produce una mezcla 50/50.
En los años 80, Kagan descubrió el llamado efecto no lineal, capaz de inclinar esa balanza hacia un lado. Para la industria farmacológica, donde una versión de la molécula puede curar y la otra resultar inútil o incluso tóxica, ese principio es una herramienta de trabajo diaria.
La reacción que se copia a sí misma
Soai fue un paso más allá en los años 90 con una reacción autocatalítica: el propio producto cataliza su formación y favorece copias de su misma “mano”. Según el texto, fue la primera vez que una reacción creaba quiralidad casi de la nada y se reforzaba por sí sola.
Por eso el premio también se presenta como una respuesta a uno de los grandes misterios de la química: cómo una pequeña asimetría aleatoria en la Tierra primitiva pudo acabar en una biología completamente de la misma mano, con aminoácidos izquierdos y azúcares derechos.
Una trayectoria con polémica
Kagan tiene 95 años y en 2001 hubo polémica cuando se quedó fuera del Nobel de catálisis asimétrica. En ese momento, ya era considerado uno de los pioneros del campo, aunque el premio solo admite tres galardonados.
La publicación de la cuenta oficial del Nobel confirmó el reconocimiento a ambos científicos.


