Ken Imhoff, un ingeniero de Wisconsin, decidió llevar su afición por los autos a un extremo poco común: en lugar de comprar un Lamborghini Countach, se propuso fabricarlo desde cero en el sótano de su casa. El proyecto le tomó 17 años y terminó convirtiéndose en una réplica artesanal del modelo que lo había obsesionado desde que vio una película en 1990.

La idea nació tras ver un Countach en el cine

Todo comenzó cuando Imhoff vio Cannonball Run, la cinta de 1981 dirigida por Hal Needham en la que aparece un Lamborghini Countach LP 400 S. A partir de ese momento decidió que no se conformaría con admirarlo en un póster ni con ahorrar para comprar uno: iba a construir su propio Countach con sus manos.

Un Lamborghini hecho en el sótano

Para dar forma al auto, Imhoff levantó primero una estructura de madera que utilizó como molde para los paneles de la carrocería. Para trabajar el aluminio recurrió a una rueda inglesa, herramienta que permite moldear curvas complejas en chapa metálica. Con el tiempo aprendió que soldar demasiado de una vez deformaba el material, por lo que perfeccionó su técnica con puntos de soldadura cortos y controlados.

El vehículo quedó montado sobre un chasis de tubo de acero y con carrocería completamente de aluminio. El modelo que tomó como referencia fue el Countach LP 5000S de 1982.

Piezas originales y soluciones improvisadas

Para acercarse lo más posible al diseño original, incorporó piezas auténticas de Lamborghini, entre ellas los pilotos traseros, las luces de posición, el parabrisas y los emblemas. También mandó fabricar desde cero réplicas de las llantas originales.

En el apartado mecánico tuvo que recurrir a otra solución. Sin posibilidad de instalar un V12 italiano, eligió un bloque Ford 351 Cleveland, al que le añadió pistones forjados, culatas pulidas y un árbol de levas más agresivo. El resultado fue una potencia de 514 caballos a 6.800 rpm. La transmisión era una ZF de cinco velocidades y la suspensión provenía de un Corvette C4. Todo el conjunto pesaba unos 1.220 kilos, bastante menos que un Countach de producción.

Ingeniero construyó durante 17 años un Lamborghini Countach en el sótano de su casa y luego tuvo problemas para sacarlo

Un acabado trabajado pieza por pieza

La carrocería recibió una pintura gris metálico perlado, un acabado exigente porque suele revelar con facilidad cualquier imperfección. Como la cabina de pintura no cabía en el sótano, el proceso se hizo pieza por pieza: en total, 33 paneles salieron uno a uno del sótano, se pintaron en una instalación profesional y luego volvieron a bajar con cuidado.

El lijado final se realizó con papel de grano 1.500 y 2.000, seguido de tres pasadas de pulidora. El brillo conseguido era tan alto que, para quienes lo vieron, resultaba difícil distinguirlo del de un auto de fábrica.

El mayor reto llegó al terminarlo

Después de casi dos décadas de trabajo, Imhoff tuvo que resolver la parte más complicada: sacar el coche del sótano. La decisión de construirlo allí respondió al clima de su localidad, donde los inviernos son extremadamente fríos, así que prefirió avanzar desde un espacio más cálido.

Para extraerlo, excavaron una rampa de tierra en el exterior, retiraron parte del muro del sótano y, con ayuda de una retroexcavadora y cadenas, lo arrastraron cuesta arriba sobre una estructura metálica improvisada. Fue la primera vez en 17 años que Imhoff vio su obra bajo la luz del sol.

La venta y la reflexión final

Con el paso del tiempo, el coche comenzó a mostrar señales de corrosión y Imhoff concluyó que no lo estaba cuidando como merecía. Entonces aceptó que, en sus palabras, le estaba haciendo “un flaco favor” y que probablemente pertenecía a alguien que pudiera apreciarlo más. Por eso lo puso a la venta en eBay con un precio de salida de 75.000 dólares.

La puja llegó a 77.600 dólares, pero no alcanzó el precio de reserva. Imhoff aseguró que había invertido alrededor de 65.000 dólares en el proyecto a lo largo de casi dos décadas. Finalmente, el auto terminó vendido a un comprador de Florida por aproximadamente 89.000 dólares.

Con el tiempo, el valor siguió subiendo. En 2023, el propietario actual llegó a pedir 229.000 dólares por el vehículo. Para Imhoff, sin embargo, el verdadero valor no estuvo en conservarlo, sino en haberlo construido y cumplir el sueño que nació frente a una película.