En varias estaciones del metro de Madrid, especialmente en Plaza Elíptica y Oporto, se ha vuelto común encontrar vendedores ambulantes que ofrecen empanadas, humitas, patatas rellenas, refrescos y helados a la salida de los apeaderos. La actividad, impulsada en su mayoría por inmigrantes latinoamericanos con y sin documentación, ha crecido hasta el punto de generar preocupación en el sector hostelero y entre las autoridades por sus efectos sanitarios, fiscales y laborales.
Una presencia cada vez más visible en el entorno del metro
La venta ambulante en las inmediaciones de estaciones de Madrid no es un fenómeno nuevo. Antes de la pandemia ya era posible ver a personas ofreciendo empanadillas calientes en zonas como La Elipa, mientras otros se dedicaban a la venta de camisetas de fútbol falsas, carteras, cinturones o gafas de sol. Sin embargo, en los últimos años la comercialización irregular de comida parece haberse intensificado.
En puntos como Plaza Elíptica, Entrevías, Oporto o incluso la terminal de Renfe de Alcalá de Henares, los vendedores se instalan fuera de las estaciones con cajas o neveras térmicas para captar a los pasajeros que entran y salen. Según describen distintos testimonios, compran la mercancía a proveedores, familiares o la elaboran en sus casas antes de llevarla al lugar de venta.
Muchas de estas personas trabajan expuestas al sol, al calor, al frío, a la lluvia o al viento. Su objetivo principal es aprovechar el flujo de pasajeros, ya que dentro de las estaciones la vigilancia privada de Metro les dificulta mantener el negocio.
Quiénes venden y cómo operan
La mayoría de los vendedores descritos son inmigrantes latinoamericanos. Algunos tienen papeles; otros no saben si podrán regularizar su situación en el futuro. El cobro se realiza principalmente en efectivo, aunque también hay quienes aceptan pagos por Bizum.
Juan, colombiano de 29 años, explicó que lleva dos años dedicado a la venta ambulante de comida. Sostiene que comenzó en esta actividad por la dificultad para encontrar empleo formal, especialmente por no tener documentación. Asegura que cada vez ve a más personas haciendo lo mismo en Madrid.
Camila, peruana de 39 años, también se dedica desde aproximadamente 2023 a vender comida en una estación de la red de Renfe en la Comunidad de Madrid. Afirma que obtiene más de 1.200 euros al mes, aunque a cambio trabaja más de 10 horas diarias en la puerta de la estación y asume el riesgo de que la policía le retire la mercancía. En una ocasión, señala, perdió género por un valor superior a 100 euros.
Camila indicó además que se dio de alta como autónoma para intentar regularizar su actividad, aunque ese trámite solo le permite mover alimentos y no venderlos. Mientras tanto, continúa buscando empleo en bares y restaurantes.
La advertencia del sector hostelero
La expansión de esta práctica ya preocupa a Hostelería de España, que agrupa a miles de empresas de restauración. Su secretario general, Emilio Gallego, considera que estas ventas constituyen una irregularidad absoluta y subraya que el problema principal no se limita a la posible competencia para bares y cafeterías de la zona.
Gallego advierte que el mayor riesgo está en la vulneración de la seguridad alimentaria, ya que los negocios legales de catering y restauración están sometidos a una regulación más rigurosa y estricta. A su juicio, la venta ambulante de alimentos también incumple normas de carácter comercial, fiscal y laboral.
Además, alerta de que estos casos pueden llegar a convertirse en un delito contra la salud pública si una persona sufre una intoxicación.
Riesgos para la salud y dificultad de control
El principal problema sanitario radica en la imposibilidad de verificar con facilidad el origen de los alimentos, su conservación y la trazabilidad del producto. También resulta difícil comprobar si los ingredientes se han mantenido a la temperatura adecuada y si existen alérgenos que no estén debidamente identificados.
En ese contexto, los especialistas recuerdan que una comida puede parecer apetecible y oler bien, pero su venta fuera de los cauces legales deja sin garantías aspectos básicos para la salud de quienes la consumen.
Las campañas del Ayuntamiento de Madrid
El Ayuntamiento de Madrid mantiene campañas dirigidas a combatir la venta ambulante ilegal, con especial atención a alimentos y bebidas. En su web oficial, el Consistorio recuerda que esta práctica está sujeta a legislación estatal, autonómica y municipal.
Los últimos datos disponibles del Ayuntamiento corresponden a 2020, aunque quedaron condicionados por la pandemia. Antes de ese año, las actas levantadas por venta ambulante irregular venían en aumento: pasaron de 16.518 en 2018 a más de 17.100 en 2019.
Un fenómeno ligado al crecimiento de la inmigración latina
El auge de la venta ambulante de comida en Madrid coincide con el crecimiento de la población originaria de América Latina en la Comunidad de Madrid. A finales de 2024, ese grupo superó el millón de personas, una cifra que contrasta con las cerca de 81.500 registradas 25 años antes.
Ese colectivo representa una porción significativa de la población regional, al punto de que uno de cada siete habitantes de la Comunidad de Madrid es originario de América Latina.