El astrofísico Héctor Socas sostiene que la sociedad necesita ser optimista, pero sin ingenuidad, porque el cambio científico y tecnológico avanza tan rápido que ya no da tiempo a asimilarlo todo. A su juicio, esa actitud es hoy una cuestión de supervivencia.
Socas, director de la Fundación del Telescopio Solar Europeo, acaba de publicar Horizontes de la civilización, un ensayo en el que pide reflexionar sobre el impacto de la ciencia y la tecnología en la vida presente y en la de las próximas generaciones.
La inteligencia artificial y las máquinas pensantes
En su visión, la inteligencia artificial, la bioingeniería y la exploración espacial pueden abrir oportunidades, pero también traer peligros si se desarrollan sin control ni debate suficiente. Por eso insiste en que la población no puede caer en la apatía.
Socas considera que ya existen máquinas pensantes, aunque no conscientes ni sintientes, y plantea que la próxima especie inteligente y tecnológica podría ser una generación de máquinas. No lo presenta como una amenaza inmediata, sino como una posibilidad ligada a la evolución.
También explica que, en este contexto, inteligencia significa razonar, inferir y llegar a conclusiones lógicas a partir de premisas. Esa definición, dice, ayuda a distinguir entre pensar y tener consciencia.
Ética, educación y control ciudadano
El autor pone el acento en la ética. Afirma que hay que decidir qué queremos que aprendan las máquinas y recuerda que hoy la capacidad de desarrollar grandes modelos de lenguaje depende de unas pocas empresas o instituciones.
Socas añade que, salvo Grok, la IA de Elon Musk, esas compañías están prestando atención al llamado alineamiento, es decir, a que la inteligencia artificial actúe de acuerdo con valores y objetivos humanos.
La bioingeniería también ocupa un lugar central en el libro. El astrofísico advierte sobre la posibilidad de crear organismos sintéticos que escapen al control y alteren ecosistemas, por lo que considera urgente adelantar reglas claras.
Para Socas, la ciudadanía debe estar informada y participar en decisiones colectivas alejadas de presiones externas. Solo así, dice, la sociedad podrá definir con responsabilidad el rumbo de la biología futura y, en teoría, incluso qué significa ser humano.
El espacio también exige reglas
Socas recuerda que la búsqueda de vida y tecnología extraterrestre tiene un enorme poder transformador, pero subraya que la colonización espacial ya es una realidad incipiente y debe regularse.
Explica que ya existen medidas éticas, como la esterilización de naves para evitar contaminación con microorganismos terrestres, pero considera que eso no basta. A su juicio, también hay que pensar cómo nos comportaremos entre nosotros fuera de la Tierra.
En ese terreno, advierte que la explotación comercial de recursos espaciales, incluida la minería, debe regularse cuanto antes para evitar abusos. La historia, concluye, enseña que la norma debe adelantarse al problema.
