Claves
- —Caracas cumple una semana en luto tras los terremotos que dejaron la peor tragedia reciente del país.
- —Funvisis reporta más de 600 réplicas desde el sismo principal.
- —En Chacao, vecinos de edificios desalojados duermen en carpas y esperan evaluación de sus inmuebles.
Una semana después de los terremotos, Caracas sigue atrapada entre el duelo, las réplicas y los escombros. Las calles lucen vacías, las clases continúan suspendidas y en varios sectores la vida cotidiana se mueve con cautela, mientras el temor a nuevos movimientos se mantiene por encima de todo.
La Fundación Venezolana de Investigaciones Sismológicas (Funvisis) ha registrado más de 600 réplicas, un dato que alimenta la angustia en una ciudad donde muchas familias todavía esperan noticias de sus seres queridos y otras siguen a la intemperie, tras el desalojo de sus edificios.

Una ciudad que camina despacio entre el miedo y el duelo
En Caracas, las oficinas operan a media máquina y quienes salen a la calle lo hacen con pasos lentos. La mirada de los transeúntes se va una y otra vez hacia las fachadas dañadas, mientras crece la necesidad de no dejar solos a los familiares después de lo ocurrido.
En Los Palos Grandes, en el Edificio Petunia I, y en el edificio Santa Rita de San Bernardino, aún hay personas que esperan por los cuerpos de sus parientes. A apenas 30 minutos de la capital, decenas de voluntarios siguen removiendo bloques y vigas con picos y palas para intentar rescatar a quienes permanecen entre los escombros.
Eddie Tirado, de 41 años, lleva desde el jueves pasado como voluntario en Santa Rita. Dice que no faltan herramientas ni ayuda de otras personas que llegan con comida, y que no piensa abandonar la tarea hasta que aparezca la última persona desaparecida.

Carpas, etiquetas y edificios que siguen cerrados
En zonas de Chacao como Los Palos Grandes y Altamira, hay damnificados durmiendo en carpas porque sus edificios siguen desalojados. La alcaldía usa etiquetas verdes, amarillas y rojas para clasificar cuáles inmuebles pueden habitarse, cuáles requieren reparación y cuáles presentan daños severos y deben demolerse.
El edificio San José es uno de los más afectados por su cercanía con el edificio Coral, cuyas columnas de los primeros pisos presentan graves fallas estructurales. Andrés Arriivillaga, de 68 años, duerme en una carpa junto con su familia, incluido un niño con autismo, mientras espera poder regresar con seguridad.
Javier Poncel, de 64 años, también residente de San José, cuenta que los vecinos solo reciben permisos breves para entrar y sacar pertenencias básicas. La preocupación por el posible desplome del edificio Coral ha convertido cada intento de normalidad en una rutina tensa y vigilada.
En la Plaza de Los Palos Grandes, convertida en refugio improvisado, Laura Goldberg, de 63 años, permanece a la espera de poder volver a su apartamento, al que la alcaldía le asignó etiqueta amarilla y una posible reparación en un lapso de dos a tres meses. Entre el alivio por tener techo provisional y el dolor colectivo, la ciudad sigue intentando recomponerse mientras la cifra de fallecidos continúa en aumento.
