Emirlendris Benítez, recientemente excarcelada tras permanecer ocho años en prisión, compartió los detalles de su complejo proceso de adaptación emocional y los severos desafíos de salud que enfrenta tras haber sido víctima de torturas y un encierro injustificado en Venezuela.
Claves
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Fue excarcelada el pasado viernes tras ocho años de reclusión. -
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Sufrió torturas y tratos degradantes que le provocaron un aborto espontáneo durante su cautiverio. -
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Encontró refugio en la música y aprendió a tocar el violonchelo en prisión.
Luego de recuperar su libertad el pasado viernes, Benítez describe su situación actual como un «renacer» o un «volver a vivir». A pesar de la inmensa felicidad que le produce el reencuentro con sus hijos y su núcleo familiar, confiesa encontrarse en un estado de shock que le ha impedido conciliar el sueño con normalidad. El tránsito de la celda al hogar representa un proceso de adaptación diaria a una realidad que aún asimila con dificultad.
Un proceso de adaptación marcado por el shock
Su prioridad más inmediata es someterse a una evaluación médica y psicológica exhaustiva. Durante su tiempo en prisión, Benítez desarrolló diversas patologías físicas que no recibieron la atención médica adecuada, deteriorando su estado de salud general.
En el ámbito judicial, la medida de excarcelación aún carece de claridad técnica para ella. Aunque presume que se trata de una medida humanitaria, desconoce las condiciones específicas del beneficio o si se le impondrán medidas sustitutivas, como la presentación periódica ante los tribunales de justicia.

A pesar de la incertidumbre, Benítez manifestó su firme deseo de permanecer en el país y abogar por la liberación de otros prisioneros políticos. Hizo un llamado público para que se revisen los expedientes de los ciudadanos, tanto nacionales como extranjeros, que continúan recluidos siendo inocentes.
La música como refugio en el cautiverio
Durante los años de encierro, Benítez encontró en el Sistema de Orquestas una vía de escape emocional indispensable. Sin tener ningún tipo de conocimiento previo, aprendió a leer partituras y a tocar el violonchelo, una disciplina que le permitió participar en ocho conciertos realizados fuera del recinto carcelario.
El origen de una detención arbitraria
La pesadilla de Benítez comenzó el 5 de agosto de 2018, cuando fue detenida sin explicaciones por una comisión policial en el estado Portuguesa. En ese momento se encontraba embarazada y acompañaba a su esposo, Jolmer Escalona, en un servicio de taxi que realizaban junto a su mascota, una perra llamada Azabache que fue lanzada por la ventana del vehículo por los funcionarios policiales.
Ambos fueron trasladados a Caracas bajo acusaciones sin pruebas de participar en el atentado con drones contra Nicolás Maduro. Se le imputaron cargos de homicidio calificado frustrado, terrorismo y traición a la patria.
Estuvo recluida durante un año en la sede de la Dirección General de Contrainteligencia Militar (Dgcim) en Boleíta, en el estado Miranda, y posteriormente fue trasladada al Instituto Nacional de Orientación Femenina (Inof), ubicado en Los Teques. Durante su reclusión, fue víctima de torturas y tratos crueles que le ocasionaron la pérdida de su embarazo debido a un aborto espontáneo.
