Rogelio y Aniceto llegaron desde Caraquita y, ya instalados en Duaca, terminaron siendo conocidos como dos compadres inseparables. Cada uno consiguió empleo casi de inmediato: Rogelio, luego llamado compa Rogelio, entró como bedel en la escuela Juan Manuel Álamo, muy cerca de su casa; Aniceto, por su parte, comenzó a trabajar en el Centro de Salud de Duaca, que más tarde sería conocido como Hospital Dr. Rafael Antonio Gil.
Dos oficios y mucha dedicación
Mientras se adaptaban al pueblo, ambos se tomaron muy en serio sus tareas. Rogelio, en la escuela, tenía tiempo de sobra porque el plantel era pequeño, y aprovechaba los momentos libres para convertirse en una especie de policía escolar: regañaba y sacaba a los muchachos que se quedaban jugando trompo, metra o zum zum.
La necesidad de ese trabajo quedó tan clara que las autoridades hicieron las gestiones ante la Dirección de Educación del Estado para crear formalmente el cargo, y lo consiguieron. Aniceto, entretanto, se compenetró con su labor de vigilante y pronto se volvió una figura fija en la entrada principal del hospital duaqueño.
Cuando coincidían en los turnos, al terminar la jornada solían pasar por donde Pantaleón para pedir una buena ración de empanadas, “con to”, expresión que usaban para decir que eran de buena cantidad y a precio cómodo. Para ellos, un fin de semana largo para el resto significaba varios días de bebida, tanto que el ratón podía durarles bastante tiempo.
