Opinión

La batalla simbólica en Venezuela

1. Lo acontecido en los últimos días en Venezuela (21, 22 y 23 de febrero), muestra la magnitud de la disputa en torno a lo simbólico, como parte de una batalla cultural que se está desarrollando en la patria de Bolívar.

2. ¿Porqué la batalla simbólica? La respuesta debe entenderse por el carácter insurgente y subversivo de la Revolución Bolivariana.  Insurgente, pues las posiciones discursivas y prácticas asumidas por Chávez y luego por Maduro, representan un reto para las formas tradicionales de dominación que ha ejercido a través del aparato cultural massmediático los EEUU y los imperialismos colectivos. Subversivo pues es una lucha de los dominados sobre los dominadores. Es el derecho de los sujetos sometidos y subalternizados (e invisibilizados), a oponerse y rebelarse contra quienes explotan y coaccionan.

3) Cómo toda batalla simbólica, se manejan signos y discursos. Por un lado, la revolución bolivariana recurre a la rememoración histórica de los procesos emancipatorios liderados en el siglo XIX por Bolívar. Encarnado en las luchas de Sandino, Juan Bosh, José Carlos Mariategüi, Fidel Castro, entre otros. Del lado opositor, lo simbólico queda bien presente cuándo el Presidente de Colombia, Ivan Duque, referenció a los «padres fundadores» norteamericanos. Una y otra representación simbólica muestran una tesis y una anti-tesis. La tesis, del derecho a la soberanía y la autodeterminación. La antí-tesis, que muestra la sumisión y la obediencia ante el dominador. Por eso, ese choque cultural muestra a venezolanos opositores, que recurriendo a Dios (y se supone es un Dios bondadoso) para que «castigue violentamente a todo al que apoye a la Venezuela Bolivariana».

4. Esa lucha simbólica, usa referentes históricos pretéritos y actuales distintos. Desde la revolución bolivariana, Chavez antes y Maduro ahora, apuesta por el carácter anti-imperialista de las luchas independentistas. Su referente actual es la solidaridad internacionalista. Ya Fidel Castro lo había dicho en un discurso en el contexto de la Guerra en Angola » quién no puede ser solidario con la lucha de otros, no puede serlo ante la lucha propia». En contraposición, el Diputado de la AN, Juan Guaidó, usa referentes asociados a la subordinación sumisa al orden externo. Por eso, los opositores han usado recurrentemente los símbolos de los comic anglosajones (Capitán América entre otros).

5. Las movilizaciones adelantadas por las fuerzas bolivarianas en estos días, muestra una moral y una logística que son claves en esta disputa. La moral fuerte y la logística precisa, fue lo que permitió a Ho Chi Min en Vietnam, imponerse ante la superioridad técnica-militar de los EEUU. A pesar de la aplicación de todas las técnicas de Operaciones Psicológicas (OPSIC), la cohesión de los militares como de los civiles ha sido estoica y relevante. Fuera de algunos «goteos» de militares y de ex ministros cercanos en algún momento a Chávez, no ha trascendido el llamado a derrocar a Maduro. La unidad cívico-militar demostrada y liderada por Nicolás Maduro, es lo que ha acelerado la acción injerencista desde Colombia y bajo el liderazgo de los EE UU.

6) la debilidad simbólica y cultural del discurso opositor, es lo que explica la fortaleza y constancia del ataque comunicativo liderado desde el exterior. John Bolton, Marcos Rubio, Mike Pence, Mike Pompeo representan los hilos del verdadero poder en los EE UU. Nos referimos al llamado «triángulo de hierro»: los lobbys en el Congreso, el aparato industrial y la burocracia militar-burocrático. Son el epicentro que se mueve detrás de la agresión a Venezuela. Ello se explica por el interés manifiesto en la posición estratégica, la posesión de recursos o comoditties y el peligro que representa la resistencia de Venezuela, al diseño neoconservador de la política exterior de Trump.

7) el conflicto o choque cultural se muestra en el antagonismo Guaido- Maduro. Son de nuevo una antí-tesis y tesis. Guaido es un liderazgo construido sobre la lógica de los manuales de Guerra Compleja o Guerra híbrida. Es un liderazgo financiado sobre las lógicas conservadoras y la instrumentación de la propagandística massmediática, características de la videopolítica. Maduro en contraste, es un liderazgo construido desde la lucha contra la exclusión, bajo el liderazgo magnético de Chávez y curtido en un proceso crítico constante entre 2014-2018. Ambos liderazgos tienen apoyos externos distintos. El de Guaidó, tiene a toda la massmediática de las corporaciones de poder en EE UU, Europa y Latinoamérica. El de Maduro, al ejemplo histórico de resistencia  de Cuba y Nicaragua, además del soporte geopolítico de Rusia y China.

8) lo de hoy en la frontera colombo-venezolana es una muestra de esa lucha simbólica. Guaido y su triada Colombia-EEUU-OEA apostaban a una acción comunicativa digna de la lógica del cine de acción norteamericana. Del lado de Maduro, es la necesidad de mostrar el control sobre el espacio fronterizo, es decir, la demostración de una praxis soberana sobre el territorio. La acción inducida y avalada por el Estatuto de Transición propuesto por la desobediente asamblea nacional de un grupo de Guardias Nacionales, ahí en el Puente Simón Bolívar, buscaba crear un falso positivo, que avalará una sanción sobre Venezuela. No obstante, el fracaso simbólico, es notorio. No se produjo la entrada de la «ayuda humanitaria», no se produjo una causa belis en la frontera y peor aún, Maduro sigue siendo presidente y su figura (Guaido), fue inducido a abandonar el país, hacia Colombia.9) el fracaso de la acción simbólica de la oposición, que enarbola el 23 de febrero como la fecha de la «liberación», impulsa una nueva frustración y desánimo en el proyecto opositor. Por el contrario, del lado del Presidente Maduro, el mantenerse y superar el 23 con escasa perdida política y un gran triunfo simbólico, derivado de la acción conjunta cívico-militar coloca está disputa a un nuevo nivel. Hoy se selló el fracaso de la etapa de subversión interna pero se abre la etapa de la agresión tipo guerra proxy o sustitutiva.

10) la guerra proxy o de sustitución, es una estrategia de EE UU para minimizar el costo de acciones bélicas. Ello producto del llamado «efecto vietnam», que tanto daño hizo sobre la idea del destino manifiesto que los EE UU ha enarbolado desde el siglo XIX. Estas guerras de sustitución, las cubre un país distinto, que a cambio de asumir el costo en pérdidas de vidas humanas o pérdidas materiales, recibe compensaciones económicas. En el caso de Colombia, el asumir la posibilidad de una Guerra contra Venezuela le abre la puerta de pretender aprovecharse de los recursos naturales (petróleo principalmente) y de la salida a través del Lago de Maracaibo. Colombia, más bien su oligarquía tiene un interés estratégico y geopolítico en la creación de está Guerra, pero es una jugada de alto riesgo. El gobierno de Duque, no ha podido cerrar la desmovilización de las FARC y del ELN. Cualquier intento de llevar la guerra proxy con Venezuela, significará no sólo la posibilidad de una invasión sino además la posibilidad que la guerra se llevé al propio territorio de Colombia y está quede entre dos fuegos: el del enfrentamiento con la FANB (fuerza armada nacional bolivariana) y el de la reacción en su retaguardia de las FARC y el ELN.

11)Finalmente lo de hoy, coloca a Guaidó y sus seguidores en fragrante traición de la patria, tal como queda establecido en el Código Penal en sus artículos 128 al 139. Pero lo más peligroso, es que ante el desánimo que termina generando en sus seguidores, al no sacar a Maduro (que sigue hoy como presidente), le queda sólo el camino de pedir la intervención externa, basado en la Doctrina de la necesidad de proteger, que fue formulada en 2005 por la ONU. Esa Doctrina violenta el Derecho Internacional público, al irrespetar la soberania y el principio de no intervención en asuntos internos. Llegar a eso, transformaría a Venezuela en un escenario de amplio espectro geopolítico, dónde Rusia y China tienen un papel que jugar.

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