Opinión

Que la palabra del próximo año sea «Acuerdo» / Por: Óscar Morales

Para nadie ha sido sorpresa que la palabra «Confinamiento» se haya llevado el premio de la palabra del año, pues, es de suyo por lo que vivimos en el último año. Dicho premio lo entrega la Fundación del Español Urgente (FundéuRAE), la cual es apoyada por la Real Academia Española (RAE) desde sus inicios, y por estas fechas es tradición elegir a la ganadora. Así pues, «Confinamiento» superó a otros términos, entre los que destacan «Teletrabajo», «Infodemia», «Pandemia», «Vacuna» o «Coronavirus».

Aprovechando que en esta época también se acostumbra a planificar nuevas metas y desear muchas cosas, no sobraría si deseamos que la palabra «Acuerdo» sea la ganadora del año que está por comenzar (al menos en nuestro país, para no pedir tanto). A continuación, les explico el porqué de mi deseo.

Antes que los seres humanos diseñáramos e implementáramos los sistemas democráticos, resulta que nuestras diferencias y tensiones se resolvían con mucha sangre de por medio. De hecho, hasta hace poco era normal que un país le declarara la guerra a otro hasta por capricho (hoy es ilegal y solamente puede llevarse a cabo con motivos y procedimientos que están expresados en la Carta de las Naciones Unidas). En otras palabras, el establecimiento de la democracia (con sus instituciones) hizo posible que los diversos proyectos de vida sean desarrollados bajo un ambiente de protección, garantía, reconocimiento y respeto. Esto se lee muy simple, pero ya sabemos lo que cuesta.

En este sentido, no podemos omitir que el nacimiento de la democracia es producto de los acuerdos, específicamente de cómo conciliábamos eso de “tus ideas y las mías”. En efecto, en un tiempo no muy lejano decidimos que eran admitidos todos los puntos de vistas, se podían perseguir distintos fines y expresar diversas ideas, pero haciendo énfasis en que la violencia -en cualquier presentación- se excluían para concretarlos. O lo que es lo mismo, la norma pactada fue: dedíquese a hacer realidad sus aspiraciones, deseos, proyectos, expresiones, sueños, sentimientos, creencias, sensaciones, etc., pero sin medios violentos, querido amigo.

Por consiguiente, gracias a los acuerdos que materializaron la democracia, hoy es posible que los deseos contradictorios que permanentemente nos acechan sobre cualquier asunto, se equilibren con el menor de los daños. Es más, la sencilla palabra «Acuerdo» es la que usted aplica diariamente para refrendar decisiones con su pareja, familiares, amigos o incluso el convenio de algún negocio para el beneficio común.

Dicho lo anterior, muchas veces me pregunto: si esta es una palabra que necesitamos para subsistir ante las diferencias naturales de tu postura y la mía, ¿por qué nos resistimos a practicar lo que produjo precisamente a lo que perseguimos con tantas ansias (democracia)? Al parecer se debe a que nos da asco o consideramos que es más atractivo salir en televisión -o redes sociales- desconociendo al otro y sus legítimas ideas acerca del orden de las cosas.

De igual forma, es preciso destacar que los acuerdos son cesiones mutuas y, definitivamente, seguro que al firmar un acuerdo no voy a lograr que mi proyecto de vida sea el único e indiscutible, pero sí probablemente sea lo que permita que pueda desarrollarse. Dicho de otra manera, si solo seguimos aferrados a las opiniones que acrecientan nuestro credo y no somos capaces de comprender que lo ideal es enemigo de lo bueno, entonces el resultado está a la vista: estancamiento, desconfianza, polarización, conflicto y la profundización de nuestros males para la desgracia de millones.

Los acuerdos son los que posibilitan que la vida en común se enriquezca y, adicionalmente, que todas las rivalidades hagan una pausa para que se encuentren en un reconocimiento recíproco generador de orden, progreso y bienestar general.

En fin, la materialización de los acuerdos es lo único que logrará que Edgar, Luis, María o Silvia puedan desarrollar su proyecto vital en un ambiente armonioso, estable y en paz. Por esta razón, mi noble deseo es que la palabra «Acuerdo» sea bien entendida, encarnada, practicada, obrada y, por cierto, se convierta en la más pronunciada con hechos concretos en el año que nos visita.

¡Feliz Año Nuevo!

 

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