Para nadie ha sido sorpresa que la palabra «Confinamiento» se haya llevado el premio de la palabra del año, pues, es de suyo por lo que vivimos en el último año. Dicho premio lo entrega la Fundación del Español Urgente (FundéuRAE), la cual es apoyada por la Real Academia Española (RAE) desde sus inicios, y por estas fechas es tradición elegir a la ganadora. Así pues, «Confinamiento» superó a otros términos, entre los que destacan «Teletrabajo», «Infodemia», «Pandemia», «Vacuna» o «Coronavirus».
Aprovechando que en esta época también se acostumbra a planificar nuevas metas y desear muchas cosas, no sobraría si deseamos que la palabra «Acuerdo» sea la ganadora del año que está por comenzar (al menos en nuestro país, para no pedir tanto). A continuación, les explico el porqué de mi deseo.
Antes que los seres humanos diseñáramos e implementáramos los sistemas democráticos, resulta que nuestras diferencias y tensiones se resolvían con mucha sangre de por medio. De hecho, hasta hace poco era normal que un país le declarara la guerra a otro hasta por capricho (hoy es ilegal y solamente puede llevarse a cabo con motivos y procedimientos que están expresados en la Carta de las Naciones Unidas). En otras palabras, el establecimiento de la democracia (con sus instituciones) hizo posible que los diversos proyectos de vida sean desarrollados bajo un ambiente de protección, garantía, reconocimiento y respeto. Esto se lee muy simple, pero ya sabemos lo que cuesta.
En este sentido, no podemos omitir que el nacimiento de la democracia es producto de los acuerdos, específicamente de cómo conciliábamos eso de “tus ideas y las mías”. En efecto, en un tiempo no muy lejano decidimos que eran admitidos todos los puntos de vistas, se podían perseguir distintos fines y expresar diversas ideas, pero haciendo énfasis en que la violencia -en cualquier presentación- se excluían para concretarlos. O lo que es lo mismo, la norma pactada fue: dedíquese a hacer realidad sus aspiraciones, deseos, proyectos, expresiones, sueños, sentimientos, creencias, sensaciones, etc., pero sin medios violentos, querido amigo.