Las revelaciones contenidas en el libro Swan Song: Diana, My Sister (El canto del cisne: Diana, mi hermana), escrito por Charles Spencer, reabrieron una de las páginas más oscuras y debatidas de la historia contemporánea de la realeza británica a pocas horas de su puesta a la venta en el Reino Unido.
Los extractos difundidos generaron un inusual contrataque institucional por parte del Palacio de Buckingham, marcando un nuevo capítulo en el enfrentamiento entre la aristocracia familiar y el legado de la princesa de Gales, fallecida el 31 de agosto de 1997 en el puente de l’Alma, en París.
Las acusaciones contra Carlos III

El eje central de las imputaciones recae sobre Carlos III. De acuerdo con el testimonio de su cuñado, el entonces heredero al trono mantuvo una conversación telefónica en la cual su actitud denotaba una aparente «jovialidad despreocupada», asemejándose a la de alguien que «se había ganado la lotería».
Según la perspectiva expuesta en el volumen, el actual monarca vislumbró en el fatal suceso la oportunidad definitiva para formalizar su vínculo sentimental con Camila Parker Bowles, hoy reina consorte. El autor también señaló que, durante los preparativos funerarios vinculados con la participación de sus hijos en el cortejo fúnebre, el entonces príncipe de Gales mostró desdén y afirmó que la memoria de su exesposa sería olvidada con rapidez.
Reacción de Buckingham
La sede de la monarquía refutó los señalamientos al argumentar que el dolor derivado de un duelo de tal magnitud suele nublar la razón, alterar el juicio y distorsionar los recuerdos.

Revelaciones sobre la crisis matrimonial
Lejos de retroceder, el autor, de 62 años, ratificó sus dichos durante una entrevista, recriminando al rey que pusiera en tela de juicio su condición de testigo presencial. Las memorias también abordaron episodios previos que marcaron la crisis matrimonial, relatando que la princesa consideró la anulación de su enlace tras descubrir un brazalete destinado a Camila.
Asimismo, describe los momentos de profunda vulnerabilidad en los cuales la princesa condujo en repetidas ocasiones hacia los acantilados de Beachy Head, en el sur de Inglaterra, frenada únicamente por el amor hacia sus hijos.
La figura de la fallecida reina Isabel II tampoco quedó exenta de los señalamientos. Según el texto, la soberana reaccionó inicialmente con irritación al conocer la noticia del siniestro, pronunciando la frase: «¿Qué ha hecho ahora?», antes de dimensionar la catástrofe humanitaria y mediática que sacudía al planeta.

