Caracas. En el campamento morado del Parque del Oeste Alí Primera, Alexandra amamanta a su bebé de cinco meses y también depende de la leche de fórmula para alimentarlo, mientras intenta resolver con dificultad algo tan básico como lavar un tetero. En el refugio habilitado para familias afectadas por los terremotos del 24 de junio, la falta de agua y las condiciones de hacinamiento han convertido la rutina de madres y niños en una prueba diaria.
Una rutina marcada por la lactancia y la escasez de agua
Alexandra, que llegó al parque tras salir de su vivienda en Propatria, parroquia Sucre del municipio Libertador, contó que la casa quedó “completamente agrietada”. Se llevó pocas pertenencias y una preocupación inmediata: la higiene de los envases que usa para alimentar a su bebé.
“Agarré pocas cosas, unas cobijitas y la ropita de la bebé. Estamos aquí solas. En estos días, con la lluvia se me mojó la colchoneta y no podía dormir así con la pequeña. Tuve que pelear por otra”, relató.
Según explicó, a diario les entregan los teteros listos. Pero cuando debe prepararlos por su cuenta, solo puede lavarlos con un poco de agua y no consigue esterilizarlos como lo hacía en su casa.
Daniela Rodríguez, otra joven afectada proveniente de La Guaira, permanece en el piso con su hija de un año pegada al pecho. En su caso, la alimentación es exclusivamente con leche materna. “No toma más nada, solo teta, hasta para dormir”, dijo.
También describió dificultades para mantener la higiene personal en medio del refugio: “No todos los días la he podido bañar, hay mucha dificultad para asearse”.
El campamento intenta responder a la emergencia
Las madres consultadas valoran la ayuda que reciben en el parque, aunque reconocen que no siempre coincide con las recomendaciones internacionales para la alimentación de lactantes en emergencias. Carla, que tiene ocho meses de embarazo y una niña de un año, dijo que en el lugar les preparan los teteros en la cocina y también les entregan fórmulas.
“Los hacen en la cocina y los traen listos para dárselos, además nos regalan fórmulas para reforzar, no me puedo quejar. Nos están dando la colaboración”, afirmó mientras comía la comida que le proporcionan en el sitio.
La Organización Mundial de la Salud advierte que, en emergencias como desastres naturales o conflictos armados, la lactancia materna es vital porque aporta nutrición y protección contra enfermedades infecciosas sin necesidad de agua potable, utensilios de alimentación, electricidad o suministros externos. Sus principios rectores indican que los bebés deben ser amamantados exclusivamente hasta los seis meses y que la lactancia frecuente debe fomentarse hasta los dos años o más.
Aun así, el entorno del refugio impone otras presiones. El texto advierte que el estrés físico, emocional y psicológico del desplazamiento puede reducir la producción de leche materna, mientras que la falta de agua potable expone a madres y bebés a diarrea y vómitos.
En el campamento, la vida transcurre al ritmo del calor, el sol y la tierra. Los bebés duermen en colchonetas tendidas sobre la grama, expuestos a la intemperie, las moscas y los zancudos, mientras más de mil menores siguen en carpas a la espera de mejores condiciones.
