Mundo

PERFIL / El barbudo de la Sierra Maestra

Eterno guerrillero /  Un David ante el coloso del Norte, para la izquierda. Un Caín para quienes se  opusieron a su revolución. Se mantuvo por 47 años al frente de la presidencia del único bastión comunista del Continente.

 

Equipo Actualidad

Libertador o Tirano. Objeto del más prístino amor y del más oscuro odio. Rabia y ternura ha dejado a su paso, porque con Fidel Castro el planeta aprendió rápido y fácil esa cosa sesuda de la dialéctica: los contrarios de los que está hecha la vida.

Esto no es un réquiem. ¿Quién murió? El niño que a los 11 años se rebeló ante los maltratos de un religioso del Colegio La Salle, o el Presidente que a los 72 años recibió en La Habana al papa Juan Pablo II.

¿Murió acaso el joven jefe del grupo de estudiantes exploradores del Colegio Jesuita Belén (el más acomodado de La Habana para los años 40) o el comandante de las guerrillas de los años 50 en la Sierra Maestra?

¿A quién debemos referirnos al intentar narrar sus vidas y sus muertes, ese denso y complejo tejido humano que conocimos por el nombre de Fidel Alejandro Castro Ruz?

Se nos ocurre iniciar por el niño en edad escolar que todas las semanas leía las “comiquitas” argentinas El Gorrión fascinado por su superhéroe El Vengador; el mismo que supo de la Guerra Civil española leyéndole el

Diario de la Marina a los gallegos que trabajaban con su padre, el también gallego Don Ángel, en el fundo que llegaría a ser el latifundio de los Castro en Birán, provincia de Holguín, donde nació el 13 de agosto de 1926.

Puede ser esa la ruta correcta para llegar hasta el hombre odiado y amado con similar intensidad y no perdernos en esa espesura de “biografías no autorizadas”, “datos verificables”, “documentos secretos”, largas conversaciones, “revelaciones de los últimos días” esa madeja de “ave césar” e imprecaciones que por igual han crecido alrededor de su figura.

Puede ser que ese espíritu rebelde del niño que desafió a los jesuitas, sea el mismo del abogado que escribió su propia defensa tras el asalto al Cuartel Moncada y desafiando también a la historia, asumió que ésta lo absolvería. El mismo que solo a 90 millas de la nación más poderosa del mundo, cuna y panacea del capitalismo, se atrevió a izar la bandera del socialismo y a poner en vilo la paz del mundo (y su propia existencia) recibiendo los misiles rusos en sus costas. Será el mismo Castro que en Miami defenestran o el Fidel que las juventudes soñadoras idealizan.

No lo sabemos.

Puede que ese mismo barbudo de la Sierra Maestra que no le tembló el pulso para vencer al enemigo y después para enviar al paredón a los adversarios de su revolución, fuera el mismo que en 1975, a los 49 años, enviara a los primeros 82 combatientes de la Fuerza Élite cubana a la capital de Angola para frenar los embates de los ejércitos de Sudáfrica y Zaire.

 

AN juramentó a los tres diputados impugnados del estado Amazonas

 

 

Fue este mismo hombre quien colocó al frente de los 17 mil soldados cubanos desplegados en Etiopía al general Arnaldo Ochoa, y lo condecoró como Héroe de la República de Cuba, y quien doce años más tarde presidiría el Consejo de Estado que ordenara su fusilamiento al encontrarlos culpables de tráfico de drogas con el entonces más buscado capo del narcotráfico en el mundo: Pablo Escobar.

Dieciséis años después, en sus conversaciones con el periodista Ignacio Ramonet, aún con una pistola en el cinto y una ametralladora a los pies si viajaba en carro, confesaría que el tráfico de drogas “es uno de los casos en los que yo pienso que la pena capital puede ser eficaz”.

No lo mató el teniente Pedro Sarría, que lo capturó tras el frustrado asalto al Moncada, ni lo mató Fulgencio Batista, ni ninguno de los más de 600 atentados que tras años de documentos desclasificados por la CIA confiesan haberlos planificado en su contra. Fidel Castro murió como vivió: como y cuando quiso.

 En 1980, habilitó el puerto de Mariel y unos 100 mil cubanos se fueron a los 

EE UU, sin ningún tipo de restricciones. Entonces Washington le acusó de haber colado entre ciudadanos decentes, buena parte de la escoria social de la isla. 

 Tras el recordado incidente, el presidente Ronald Reagan tuvo que firmar un acuerdo de migración con Cuba: darían 20 mil visas al año a cambio de que recibieran de vuelta a más de dos mil delincuentes cubanos, capturados y condenados en 

EE UU. Buena parte de ellos habían salido por Mariel. De acuerdo con las cifras que llevaban en La Florida.

En 2005 Washington interceptó en el mar a 2 mil 834 cubanos, el doble de 2004 y la mayor cantidad desde la llamada crisis de los balseros de 1994, cuando la cifra llegó a más de 37 mil.  

 Desde los años 60 y hasta finales de los 80, estuvo directa o indirectamente involucrado en cuanto movimiento guerrillero, revolucionario, de liberación y autodeterminación de los pueblos se dio en el hemisferio y en buena parte de África y Asia. También estuvo a la cabeza del Movimiento de países no alineados, a pesar de su cercanía con la Unión Soviética, y no ha pasado un día, desde el triunfo de la Revolución en 1959, cuando ascendió al poder, en el que no denunciara al “imperio” de los EE UU.

 Washington por su parte no se  quedó de brazos cruzados. Además de los reconocidos y fallidos atentados en su contra  ha financiado y protegido, como el caso Posada Carriles, a todo el que le combatiera.

 Con la intención de acabar con Fidel fortalecieron económica y políticamente el exilio cubano en los  EE UU a tal punto que, el New York Times le recomendó al gobierno de George W. Bush cuando enfermó y delegó el mando en Raúl, que se cuidara de los encumbrados y poderosos anticastristas de La Florida y que levantara el embargo que ha impuesto sobre la isla desde 6 de julio de 1960, cuando el presidente Dwight Eisenhower ordenó la reducción en una cuarta parte de la cuota azucarera, lo que supuso para Cuba dejar de vender 700 mil toneladas de este producto.

No fue Bush quien hizo caso de la sugerencia del New York Times, fue su carismático sucesor Barack Hussein Obama quien, aún sin levantar las puertas del embargo, tendió puentes a las nuevas relaciones diplomáticas, esta vez no con Fidel a la cabeza de la revolución y de la Isla, sino con su hermano y relevo político, Raúl.

 Aún así, fue por lo menos en tres ocasiones portada de la revista Time y no fue indiferente para las de Live y Newsweek; y aunque no fue portada, por razones obvias, de él se ocupó hasta Playboy que —por cierto— le indujo, según contó a Ramonet, a invitar a Cuba en 2002 al expresidente estadounidense James Carter, quien había sido entrevistado por ese magazín en 1976.

 No creyó nunca, sin embargo, en una prensa libre -“es el derecho de los dueños de los medios a decir lo que les conviene”, decía- pero se puede empapelar La Habana con   las miles de miles de páginas que le han dedicado los periódicos del mundo, en cientos de idiomas. Eso sí, tratándose de Fidel, ninguno se ha impreso con medias tintas, no parece posible equilibrio alguno; para quienes no era un tirano malvado que persigue por igual a intelectuales, artistas y homosexuales, que ha engordado cárceles enteras con presos políticos, represor, asesino y hambreador del pueblo de Cuba; era, en cambio, un libertador, el comandante de la esperanza nunca perdida, leal compañero de viaje hacia las más bellas utopías, salvador de los “condenados de la tierra”, que hizo de la isla un ejemplo de cultura, educación, salud y solidaridad.

 Y todo esto con tal pasión, que hasta sus humanas y encanecidas barbas fueron motivo de grandes debates, unos veían en ella al león que hay que domar, el talibán temible que es necesario afeitar, bautizarlo, mientras otros las contemplaban como las guedejas míticas de un Sansón jamás seducido por Dalila.

 Ya sea el Caín o el David de los cubanos, o ambas cosas en el trajinar circunstancial de los tiempos, podemos ya por fin despedir a la polémica figura de la política latinoamericana y global que ocupó la escena en todo el siglo XX y los inicios del siglo XXI, porque el comandante está muerto.

 

 

 

 

Síguenos

Comentarios

Inicia sesión para unirte a la conversación.

Cargando comentarios…

Más en Mundo