La Habana / Fidel Castro, el hombre que condujo a un grupo rebelde a la victoria, impuso un modelo socialista, desafió a la mayor potencia del planeta y fue referente de la izquierda mundial durante más medio siglo, falleció la noche del viernes a los 90 años, una década después de entregar el poder en su hermano, Raúl Castro.
Heilet Morales
Con voz entrecortada y embargado por el dolor, el presidente cubano Raúl Castro dio la noticia: Fidel Castro murió. “Con profundo dolor comparezco para informar a nuestro pueblo (…) que hoy 25 de noviembre de 2016 a las 10:29 de la noche falleció el comandante en jefe de la Revolución Cubana, Fidel Castro Ruz”, dijo Raúl, vestido de verde olivo, en un mensaje que leyó y fue divulgado por los medios estatales.
“¡Hasta la victoria, siempre!”, exclamó Raúl al finalizar su brevísimo mensaje a Cuba y al mundo.
El hombre que condujo a un grupo rebelde a la victoria, impuso un modelo socialista, desafió a la mayor potencia y fue referente de la izquierda mundial durante más medio siglo, falleció a los 90 años.
El revolucionario barbudo, que sobrevivió a un intenso embargo comercial estadounidense y cientos de intentos de asesinato, falleció una década después de que una enfermedad lo obligase a ceder formalmente el poder a Raúl.
Fidel sobrevivió al encarcelamiento en manos del dictador Fulgencio Batista, al exilio en México y a un aparatoso inicio de su rebelión antes de llegar a La Habana triunfalmente en enero de 1959 para, con 32 años, convertirse en el gobernante más joven de Latinoamérica. Durante décadas fue inspiración y fuente de apoyo de todo tipo de revolucionarios de América Latina a África.
Su cuerpo fue cremado ayer mismo y será trasladado en una caravana hacia la oriental provincia de Santiago de Cuba, en un recorrido de 900 kilómetros que rememora la marcha que realizó en 1959, cuando triunfó la revolución.
Mañana y el martes los cubanos podrán honrar su memoria “y firmar el solemne juramento” revolucionario, “como expresión de la voluntad de dar continuidad a sus ideas y a nuestro socialismo”, informó un comunicado de la comisión organizadora del sepelio.
Sus cenizas serán depositadas en el cementerio de Santa Ifigenia de Santiago el 4 de diciembre, adonde también descansa el prócer independentista José Martí.
Tras el discurso de Raúl la noticia de su muerte comenzó a correr de boca en boca en Cuba, donde el 70% de la población nació después de su revolución de 1959 sin conocer otro líder que «el Comandante», al tiempo que la radio reproducía viejos discursos de Fidel intercalados con marchas revolucionarias y canciones de la Nueva Trova.
“Es un ídolo para mí”, dijo a The Associated Press Celestino Acosta, un mecánico de 56 años, al conocer la noticia. “Gracias a él he pedido estudiar, soy lo que soy. Por donde pase Fidel hay que sacarse el sombrero (…) es un golpe doloroso para todos”.
“Las ideas de Fidel siguen vigentes”, dijo Edgardo Casals un artesano de 32 años. “Pero para atrás ni para coger impulso, hay que buscar nuestra forma. Hay que mirar el futuro que es de nosotros las jóvenes generaciones”.
“Con profundo dolor comparezco para informar a nuestro pueblo (…) que hoy 25 de noviembre de 2016 a las 10:29 de la noche falleció el comandante en jefe de la Revolución Cubana, Fidel Castro Ruz”. Raúl Castro Presidente de Cuba
A 90 millas de la costa cubana, en Miami, la realidad era otra. Celebración en las calles, alegría se respiraba en la Calle 8, de la Pequeña Habana. “Es una sensación extraña”, expresó Gabriel Morales, un ejecutivo financiero de 40 años de Miami cuyos padres huyeron de la isla cuando Castro llegó al poder. “He estado esperando toda mi vida para escuchar esta noticia. Parece increíble”.
“El hombre que decidió cada detalle de la Cuba en la que nací y crecí, ya no está. Una extraña levedad se extiende por la Isla”, dijo la bloguera opositora Yoani Sánchez.
La desaparición del líder revolucionario difícilmente implicará un gran cambio en el sistema socialista que edificó en Cuba, donde su hermano adoptó reformas para modernizar la deprimida economía e inició un proceso para restablecer los vínculos diplomáticos con Washington tras más de cinco décadas de hostilidades. En una carta publicada tras un mes de silencio, Fidel bendijo el histórico acuerdo con su eterno enemigo. Ambos países abrieron sus respectivas embajadas en julio de 2015 y desde su retiro vio a la bandera estadounidense volver a ondear junto al Malecón de La Habana.
Obama visitó la capital cubana en marzo de 2016, otro hito en las relaciones entre ambos países. La última vez que se lo vio fue a mediados de noviembre, cuando se mostraron fotografías en su casa junto al presidente vietnamita Tran Dai Quang, hace apenas diez días, el 15 de noviembre.
El propio Castro se refirió a la cercanía de su muerte en el último discurso que dio el pasado 19 de abril en la clausura del Séptimo Congreso del Partido Comunista de Cuba, cuando dijo: “Pronto deberé cumplir 90 años, nunca se me había ocurrido tal idea y nunca fue fruto de un esfuerzo, fue capricho del azar”.
“A todos nos llegará nuestro turno, pero quedarán las ideas de los comunistas cubanos (…) A nuestros hermanos de América Latina y del mundo debemos transmitirles que el pueblo cubano vencerá”, dijo ante los delegados al congreso. “Tal vez sea de las últimas veces que hable en esta sala”, señaló.
Su muerte se produce en medio del lento proceso de cambios económicos y diplomáticos emprendidos por su hermano Raúl, con los que ha prometido modernizar la ineficiente economía centralizada sin descarrilar a Cuba de la senda socialista. Es por eso que los analistas consideran que el deceso difícilmente representará un giro político en la isla.
“No creo que la muerte de Fidel sea la gran prueba. La gran prueba será transferir las riendas de la revolución a la próxima generación y eso ocurrirá cuando Raúl deje el poder”, dijo Phil Peters, un experto del Lexington Institute en Washington.
Raúl Castro, un general de 85 años, enfrenta además la tarea de elegir un sucesor en un panorama político todavía dominado por sus ancianos compañeros de armas.
Ha sugerido que limitará los cargos políticos a un máximo de 10 años, aunque mantendrá al Partido Comunista como la única fuerza política legal en Cuba.