Crekasafra Night, una mujer que conducía la mañana del miércoles por una calle de Newport, Kentucky, se puso algo nerviosa con la situación. Un adolescente con la cara oculta bajo una capucha tenía movimientos inusuales, caminaba sin rumbo. Cuando el auto se detuvo a pocos metros, ella notó que el rostro tenía marcas de golpes.
Ella le preguntó qué había pasado. El joven dijo que había sido «secuestrado y comerciado por gente y que solo quería volver a su casa». Posteriormente, afirmó a la policía que era Timmothy Pitzen, un niño que desapareció a los 6 años, en mayo de 2011, en misteriosas circunstancias: su madre fue hallada sin vida junto a una nota que decía que el menor estaba «a salvo con gente que lo cuidaría».
La familia del menor vive desde entonces una angustiante búsqueda a nivel nacional que podría haber llegado a su fin, a la espera de los resultados de ADN. Amy, la madre del desaparecido, murió en un aparente suicidio a 800 kilómetros de su hogar y los mensajes que dejó no daban mayores pistas de su paradero.
«Ten en cuenta que nada de lo que hayas dicho o hecho podría haber hecho que cambie mi decisión», escribió, posiblemente a su esposo, Jim. Él admitió que la relación no pasaba por un buen momento, pero nunca imaginó que su esposa haría algo semejante.
