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Deutsche Bank explica por qué las bolsas avanzan poco tras acuerdo entre EE.UU. e Irán

El acuerdo provisional entre Estados Unidos e Irán alivió el riesgo de una interrupción prolongada del suministro energético y provocó una fuerte caída…

Elegant facade of Deutsche Orientbank in Istanbul with wooden doors.

El acuerdo provisional entre Estados Unidos e Irán alivió el riesgo de una interrupción prolongada del suministro energético y provocó una fuerte caída del petróleo, pero la respuesta de los mercados de riesgo ha sido mucho más moderada de lo esperado. Pese a la baja del crudo y a la menor presión sobre la estanflación, el S&P 500 sigue por debajo del máximo histórico que marcó a comienzos de mes, mientras los diferenciales de crédito se ampliaron y otros indicadores de tensión financiera repuntaron.

Para los estrategas de Deutsche Bank, esa reacción contenida responde a una combinación de factores: condiciones monetarias más restrictivas, expectativas que ya descontaban una salida temporal al conflicto, valoraciones exigentes y riesgos energéticos que todavía no desaparecen.

La Fed restó impulso al alivio inicial

El primer elemento que pesa sobre las bolsas es el giro más restrictivo adoptado por la Reserva Federal la semana pasada. La decisión sorprendió al mercado por varios mensajes considerados duros: la mitad de los funcionarios que participaron en el denominado dot plot previó al menos una subida adicional de tasas este año y el presidente de la Fed, Kevin Warsh, insistió en la necesidad de restablecer la estabilidad de precios.

Ese tono llegó además en un momento en que los datos económicos globales siguen mostrando una resistencia mayor a la prevista desde el inicio del conflicto con Irán. La consecuencia inmediata fue un aumento fuerte de los rendimientos reales. En Estados Unidos, el rendimiento real del bono del Tesoro a 10 años cerró en 2,22%, su nivel más alto en más de un año. En Alemania, el rendimiento real a 10 años subió a 0,89%, máximo de cinco meses.

Para la renta variable, ese movimiento actúa como un contrapeso relevante frente al alivio que dejó la caída del petróleo, porque eleva el atractivo relativo de la renta fija y reduce parte del respaldo que habían recibido las acciones en meses previos.

El mercado ya había anticipado una salida temporal

La segunda razón es que buena parte del desenlace ya estaba incorporado en los precios. Desde el comienzo de las tensiones entre Estados Unidos e Irán, los inversores mantuvieron la expectativa de que el conflicto tendría una duración limitada. Deutsche Bank resume esa dinámica con una idea central: los mercados negocian expectativas.

Eso quedó reflejado en la curva de futuros del petróleo. Aunque el crudo repuntó durante la crisis, los contratos a futuro ya mostraban la previsión de que las cotizaciones bajarían en los meses siguientes. Esa lectura ayudó a sostener a los activos de riesgo incluso antes del acuerdo, por lo que, cuando llegó la solución provisional, el espacio para una nueva subida era menor.

La entidad agrega que la curva de futuros del petróleo prácticamente dejó atrás la profunda backwardation observada durante el conflicto y volvió cerca de los niveles de febrero, señal de que parte importante de la normalización ya había sido anticipada por el mercado.

Las valoraciones dejaron poco margen

La tercera explicación apunta a las valoraciones. Entre abril y mayo, los activos de riesgo registraron una recuperación excepcional. El S&P 500 avanzó 16% en apenas dos meses, una variación que solo se ha repetido en otras cuatro ocasiones desde la Segunda Guerra Mundial.

Deutsche Bank destaca que tres de esos episodios ocurrieron después de recesiones, por lo que el único precedente comparable fuera de ese contexto fue el período previo al desplome bursátil de octubre de 1987.

La mejora tampoco se limitó a la renta variable. A comienzos de junio, los diferenciales del crédito de alto rendimiento en Estados Unidos y Europa ya estaban por debajo de los niveles previos al inicio del conflicto con Irán, incluso cuando el estrecho de Ormuz seguía cerrado y el petróleo cotizaba en niveles elevados.

Ese comportamiento llevó las valoraciones a niveles más exigentes. La ratio CAPE del S&P 500 alcanzó este mes su punto más alto desde 2000, año asociado al estallido de la burbuja puntocom. En ese entorno, los estrategas concluyen que simplemente no había mucho espacio para seguir subiendo.

El estrecho de Ormuz sigue bajo observación

La cuarta clave es que el riesgo energético no ha desaparecido. Aunque el petróleo corrigió parte de las alzas registradas durante el conflicto, Deutsche Bank advierte que uno de los principales factores estructurales continúa abierto: el tráfico por el estrecho de Ormuz sigue muy por debajo de los niveles previos a la crisis, pese al acuerdo interino.

Al mismo tiempo, el Brent todavía cotiza cerca de 30% por encima de los niveles observados al inicio del año. La relevancia de ese punto es alta para los mercados energéticos, tomando en cuenta que antes del conflicto entre 20% y 25% del petróleo mundial transitaba por esa ruta marítima.

Por eso, los analistas consideran que la evolución del estrecho será la cuestión clave para las próximas negociaciones, ya que una recuperación sostenida de los flujos energéticos podría incidir directamente en las perspectivas de inflación y crecimiento.

Pese a ese panorama de cautela, Deutsche Bank no ve cambios en su visión general sobre la economía. El banco sostiene que los datos macroeconómicos siguen sorprendiendo al alza y que la imagen subyacente de resiliencia económica permanece sin cambios.

Con ese telón de fondo, los rendimientos reales, el tráfico por el estrecho de Ormuz, las próximas negociaciones entre Washington y Teherán y la fortaleza de los datos económicos seguirán entre las variables más vigiladas por los inversionistas para determinar si el alivio del acuerdo puede traducirse después en nuevas ganancias para los mercados.

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