Un estudio difundido en Aggression and Violent Behavior encontró que las personas acusadas de homicidio que habían planificado el crimen presentaban una amígdala 14,3% más pequeña que las que actuaron de forma impulsiva. Pero los autores aclaran que ese hallazgo no permite predecir quién cometerá un asesinato.

Qué midió el equipo en personas acusadas de homicidio

La investigación, encabezada por científicos de la Universidad de Pensilvania, analizó mediante resonancia magnética a personas imputadas por asesinato antes de que fueran juzgadas. El diseño buscó evitar el efecto de la prisión o del desgaste procesal en las mediciones.

El equipo comparó a 37 acusados con 50 voluntarios sin antecedentes de violencia grave e identificó diferencias en regiones cerebrales relacionadas con la emoción, el control inhibitorio y la evaluación de consecuencias.

La amígdala fue la región más llamativa: en promedio, su volumen era 5,9% inferior al del grupo de referencia. También se observó una reducción cercana al 4,9% en la corteza orbitofrontal lateral, un área ligada a la valoración de repercusiones y la modulación de impulsos.

Por qué el hallazgo no sirve para hablar de un “cerebro asesino”

La diferencia más destacada apareció dentro del propio grupo acusado. Los psiquiatras forenses separaron los casos según el grado de planificación previa y encontraron que quienes habían preparado el homicidio con antelación tenían una amígdala 14,3% menor que los impulsivos.

Sin embargo, cuando la psicopatía se incorporó al modelo estadístico, el nexo perdió fuerza. Eso sugiere que la singularidad anatómica se relaciona más con un perfil psicológico específico que con el simple hecho de haber cometido un asesinato.

La amígdala suele asociarse con el miedo, el reconocimiento de emociones y la detección de amenazas, pero funciona dentro de circuitos más amplios. La conducta depende de la coordinación entre varias regiones, no de una sola estructura cerebral. Por eso, una correlación no equivale a causalidad.

Lo que el estudio sí y no permite concluir

Los autores advierten que la muestra es limitada, corresponde a una población específica y proviene de un diseño observacional, por lo que no permite establecer relaciones causales. También señalan que medir áreas tan pequeñas con resonancia magnética exige una precisión técnica elevada.

La conclusión más importante es prudente: ningún especialista puede examinar una resonancia y anticipar si alguien cometerá un homicidio. El trabajo no propone usar escáneres cerebrales para identificar futuros delincuentes, sino comprender mejor cómo interactúan la personalidad y la organización cerebral.

En ese marco, el aporte más sólido del estudio no es la cifra de 14,3%, sino la advertencia de que una hipótesis aparentemente convincente puede debilitarse cuando se incorporan nuevas variables explicativas.

Psypost también resumió el hallazgo en términos similares: la planificación fría de un asesinato se vinculó con un menor volumen de la amígdala.