Seis científicas indígenas de América Latina están cambiando la forma de hacer investigación al combinar conocimientos ancestrales con estudios de laboratorio y trabajo de campo. Sus trayectorias abarcan temas como insectos, plantas medicinales, biodiversidad, agricultura y defensa territorial, con un objetivo común: aportar soluciones para sus comunidades y preservar los ecosistemas que habitan.

Saberes comunitarios y ciencia aplicada

Seis científicas indígenas rompen mitos en América Latina

Las historias reunidas muestran cómo la identidad cultural y la formación académica pueden caminar juntas. Desde Bolivia, Perú, Colombia, Ecuador y México, estas mujeres han enfrentado estereotipos y barreras para abrirse paso en disciplinas científicas donde su presencia sigue siendo poco visible. En cada caso, su vínculo con el territorio fue el punto de partida de una vocación que hoy se traduce en investigación.

Marisel Mamani, científica aymara, estudia en Suecia el potencial de los hongos Trichoderma para crear controladores naturales de plagas y reducir el uso de agroquímicos en la agricultura boliviana. Su trabajo busca identificar la mayor colección de estos hongos en América Latina. Además, su historia refleja un camino de superación dentro de su familia y comunidad, al haber sido la primera en llegar a la universidad.

En la Amazonía peruana, Avita Taricuarima se convirtió en la primera mujer de su pueblo, Santo Tomás, en graduarse como bióloga. Su primera publicación científica surgió al encontrar pequeños gusanos en un shirui, un pez consumido en su comunidad. Ese estudio alertó sobre parásitos que podrían afectar la salud humana y reforzó la conexión entre conocimiento local e investigación académica.

Seis científicas indígenas rompen mitos en América Latina

Territorio, memoria y biodiversidad

Desde Colombia, Nohora Alejandra Quiguantar llevó a la academia el aprendizaje que recibió en la chagra de su abuela, en Nariño. Su trabajo documentó 90 plantas usadas por generaciones por mujeres, parteras y sabedoras. La investigadora también ha llevado la voz de las mujeres indígenas a espacios científicos y climáticos internacionales, con la idea de que los saberes ancestrales también forman parte de la ciencia.

Seis científicas indígenas rompen mitos en América Latina

En Ecuador, Yarina Tapuy, bióloga kichwa y primera científica de su comunidad, Capirona, ha contribuido al estudio de la biodiversidad amazónica. Su trabajo permitió describir 14 nuevas especies de insectos y registrar comportamientos poco conocidos. También defiende que ese conocimiento sea una herramienta para proteger su territorio frente a amenazas como la minería.

Rosa Marina Flores Cruz, científica afrozapoteca de Oaxaca, investiga los impactos de la transición energética en comunidades indígenas. Su trabajo parte del vínculo cultural con el viento, que para su pueblo ha sido parte de la lengua, la memoria y la vida, y analiza cómo la llegada de parques eólicos transformó ese territorio.

La lista se completa con Paola Moreno-Roman, científica quechua que trabaja para acercar la ciencia a niñas y niños de zonas rurales del Perú mediante un microscopio de bajo costo llamado Foldscope. Con esa herramienta, impulsa la exploración de microorganismos, insectos y biodiversidad en sus propios entornos, al tiempo que promueve la visibilidad de otras mujeres indígenas en la ciencia.