Ian Linnell, máximo responsable de Fitch, advirtió que el crecimiento de España podría ralentizarse si se pone freno a la inmigración. La observación se enmarca en una visión más amplia de una economía mundial que, a su juicio, muestra señales de enfriamiento, aunque sin motivos para el alarmismo.
Una economía global con síntomas de desaceleración
Linnell dirige desde hace casi una década una de las tres grandes agencias de calificación crediticia del mundo, junto con Moody’s y S&P. Desde esa posición, analiza la evolución de empresas, bancos y países, y observa riesgos en el sector financiero en un momento en el que, según su diagnóstico, la actividad internacional pierde algo de impulso.
El directivo explicó que ese enfriamiento no debe interpretarse como una anomalía. A su juicio, la economía siempre se ha movido por ciclos, de modo que los periodos de expansión conviven con etapas de ajuste o desaceleración. Bajo esa lógica, la situación actual encaja dentro de dinámicas habituales del mercado y no necesariamente apunta a una crisis inmediata.
España y el papel de la inmigración
En el caso español, Linnell puso el foco en la inmigración como uno de los elementos que pueden influir en la evolución del crecimiento. Su planteamiento sugiere que limitar ese flujo podría tener efectos sobre la capacidad de la economía para sostener su ritmo, una idea que sitúa el debate migratorio también en el terreno económico y no solo político o social.
