Ylich Carvajal Centeno [email protected] Composición: María Zavarce
En la tripulación que salió de los EE UU, salvo Miranda, no había ni un solo suramericano. En su primer intento de desembarco en las costas de Ocumare el Precursor pierde dos goletas y 58 hombres sin pisar tierra.
Sí, hablaba y escribía en perfecto inglés y francés, aparte de su idioma materno; y se entendía de maravillas con el latín, la antigua lengua del imperio romano que luego fue adoptada por las ciencias naturales. Sí, había viajado y luchado por diferentes ciudades de Europa y grabó su nombre con gallardía en el arco del triunfo que en París tributa al valor de los héroes de la Revolución Francesa.
Sí, en su periplo libertario por Europa llegó, incluso, hasta más allá, hasta donde Europa se confunde con Asia para hacerse Rusia. Fue admitido en la corte de Catalina La Grande y como dice cierta versión de la historia —muy influenciada por el machismo—, era hombre de una virilidad capaz de subyugar a una reina euroasiática. Aunque, no es menos cierto que doña Catalina tuvo, a parte de su esposo Pedro El Grande, tres amantes formales y estables. Además, mantuvo comunicación epistolar con pensadores de su tiempo como Voltaire y Didero, de tal forma que no sería una dama fácil de impresionar por muy galán que fuera el precursor de nuestra libertad.
Lo que, sin embargo, habla muy bien de él, pues comprueba que aparte de ser un bravo bien plantado tenía un genio precioso y un pensamiento superior al que no debió ser indiferente la zarina, quien se tomó la molestia de recibirlo en persona recién llegado del Nuevo Mundo. Sí, fue masón y como gran maestro creó sus propias logias, entre ellas la famosa Lautaro, debió seguramente conocer el valor de los símbolos y los ritos a los que éstos acompañan, de tal forma que la bandera que hoy celebra su día en Venezuela no debió ser producto del azar sino consecuencia lógica de un intelecto que nacido en el siglo XVIII aún nos ilumina.
Sebastián Francisco de Miranda y Rodríguez, mejor conocido como Francisco de Miranda, es el precursor de la independencia de nuestra América, el más universal de los venezolanos y, aunque algunos aún lo consideren, el hijo pródigo de la historia latinoamericana, ésta no sería hoy lo que es sin su particular historia personal.
Miranda salió de Londres, en donde se había refugiado de sus perseguidores españoles, el 2 de septiembre de 1805 y después de dos meses de dura travesía por el Atlántico llegó al puerto de Nueva York. Era su segunda vez en los EE UU. En un primer viaje entre 1783 y 1784 había conocido en Filadelfia a los considerados padres fundadores de ese país, entre ellos: Samuel Adams, George Washington, Thomas Jefferson, Benjamín Franklim y Alexander Hamilton, con quienes creó una cercana amistad.
Al desembarcar en Nueva York se dirigió a la ciudad de Washington, recién creada como capital del país, para entrevistarse con el presidente Jefferson, quien lo recibió como a un amigo, pero se negó oficialmente a ayudarle en su propósito. Sin embargo, se le permitió todo tipo de libertades para preparar su expedición a Venezuela.
Regresa a Nueva York donde su amigo cercano, William Smith, con quien había viajado por Europa, es el inspector de aduanas del puerto y le ayuda a reclutar 200 hombres. El comerciante Samuel Odgen le cede los derechos sobre un barco de guerra, El Leander, con base a un contrato leonino por el que será requerido posteriormente por la Corte del Circuito como parte del proceso que se abrió tras zarpar Miranda, por la enérgica protesta del Marqués de Casa Yrujo, representante de España ante los EE UU.
El Tiempo de Londres, que hizo seguimiento a la expedición de Miranda desde su salida el 2 de febrero de 1806 del puerto de Nueva York hasta su dramático desenlace, citando otros diarios de los EE UU y sus propias fuentes, publicó que aunque salió secretamente —poco creíble después de reclutar a 200 hombres como tripulación— fue ampliamente comentada por la opinión pública estadounidense que se mostró favorable a la misma, aunque voceros del gobierno federal se encargaron de aclarar que nada tenían que ver con el asunto y que los hombres que se habían embarcado en El Leander corrían el riesgo de ser tratados como piratas o bucaneros si eran capturados en el viaje o derrotados al llegar a la entonces Capitanía General de Venezuela.
Esta noticia y la del juicio abierto a Smith y Odgen por cooperar con Miranda cruzaron el océano primero que el Precursor y le generó serias dificultades con la tripulación de El Leander, entre la que no había ni un solo sudamericano, y el capitán del Emperor, una nave que se le había sumado en su paso por el puerto de Jacquemel, en Haití, quien exigía garantías oficiales para continuar en lo que a todas luces era un hermosa aventura con pocas probabilidades de éxito.
El Marqués de Casa Yrujo había logrado espiar tan de cerca las gestiones de Miranda que en Venezuela los españoles le tenían preparado un comité de bienvenida y, apenas sus naves, El Leander y dos goletas mal equipadas con las que había sustituido al Emperor, se acercaron la noche del 26 de abril a las costas de Ocumare, las goletas fueron capturas con sus 58 tripulantes. Miranda logró escapar a borde de El Leander.
Solo unos días antes, el 12 de marzo de 1806, según el relato que sobre la expedición mirandina realizó el teniente James Biggs, quien venía a bordo de El Leander se había izado por primera vez la bandera tricolor de Miranda. “Este día —relata Biggs— los colores colombianos fueron desplegados por primera vez. Está formada por los tres colores primarios que predominan en el arco iris.
¿Por qué si la expedición zarpó el 2 de febrero de Nueva York solo se izó la bandera 40 días después en El Leander? ¿Con qué bandera salió el barco del puerto de Staten Island? Difícilmente haya sido la estadounidense, cuyo gobierno se negó a apoyar oficialmente a Miranda. ¿Navegó todo ese tiempo sin bandera? Algo usual, incluso, hoy.
El relato de Biggs no deja claro estos puntos, pero resulta evidente que fue ese día, el 12 de marzo, cuando la tripulación supo cuál era realmente la naturaleza de la empresa en la que se habían embarcado.
El Leander, tras escapar de los españoles en las costas de Ocumare, pone dirección a Bonaire para proveerse de agua y alimentos. Luego va a Granada, pasa a Barbados y finalmente llega a Trinidad, donde Miranda se concentra en reorganizar su expedición. Esta tarea le ocupara durante casi tres meses, hasta el 24 de julio de 1806, cuando zarpa nuevamente al mando de 11 naves y 500 hombres con rumbo hacia Venezuela.
El 3 de agosto de 1806, hace hoy 209 años, el generalísimo Francisco de Miranda desembarca en la Vela de Coro y trae consigo la que será desde entonces la divisa de la libertad suramericana. La bandera de su Colombia, que habría de heredar su adelantado discípulo el Libertador Simón Bolívar y hoy une a los venezolanos bajo su tricolor.
Algunos historiadores han querido ver en el amarillo, azul y rojo el pelo, los ojos y la boca pintada de Catalina II de Rusia, en cuya belleza se habría inspirado el Precursor para hacer su bandera. Por su admiración a Cristóbal Colón y al hecho de que quiso reivindicarlo poniéndole Colombia a su proyecto de República, hay quienes creen que el tricolor fue tomado del escudo de armas que los reyes españoles le concedieron al almirante y cuyo recuadro inferior derecho está formado por una franja roja y otra azul sobre un fondo amarillo.