En un giro inédito de su preparación militar, Taiwán realizó por primera vez disparos reales con sus lanzacohetes HIMARS desde la costa occidental de la isla, en una zona considerada entre las más probables para un desembarco chino. El ejercicio marcó un cambio de enfoque: entrenar no solo para resistir, sino para intentar destruir una invasión en el mismo lugar donde podría comenzar.

Un estrecho marcado por décadas de tensión

La relación militar entre China y Taiwán arrastra una larga historia de presión y demostraciones de fuerza. A finales de la década de 1950, China bombardeó durante semanas las islas taiwanesas de Kinmen y Matsu con cientos de miles de proyectiles para poner a prueba la determinación de Taiwán y de Estados Unidos. Esa crisis convirtió el estrecho de Taiwán en uno de los escenarios más sensibles de la Guerra Fría y dejó una huella que todavía influye en la planificación de ambos bandos.

Desde entonces, China ha mantenido el objetivo de la reunificación y no ha renunciado al uso de la fuerza. En los últimos años, sus buques y aeronaves han operado de manera constante alrededor de la isla, mientras Pekín sigue ensayando escenarios de bloqueo, desembarco e invasión.

Un mensaje desde la costa occidental

Frente a esa presión, Taiwán decidió llevar a sus HIMARS a una zona que los estrategas consideran clave por la presencia de playas y llanuras costeras aptas para una operación anfibia. Desde allí, los lanzacohetes dispararon decenas de proyectiles en una demostración con un fuerte significado militar: una fuerza que intentara cruzar el estrecho tendría que enfrentarse a un volumen de fuego capaz de golpear barcos, concentraciones de tropas y puntos de apoyo antes de llegar a tierra.

Durante años, China ha mostrado en sus propios ejercicios cómo atacaría las defensas taiwanesas. Ahora, la isla está ensayando cómo respondería ante una fuerza invasora y cómo trataría de impedir que se consolide en la costa.

Los HIMARS, pieza central de la nueva defensa

Los HIMARS se han convertido en uno de los pilares de la estrategia defensiva taiwanesa. El sistema, conocido por su desempeño en Ucrania, combina movilidad, precisión y capacidad de supervivencia. Taiwán ya cuenta con misiles que pueden alcanzar objetivos en la costa continental china y recibió autorización para ampliar de forma notable su arsenal con nuevos lanzadores y cientos de misiles ATACMS.

Taiwán ensaya por primera vez en su costa cómo frenar una invasión con lanzacohetes HIMARS

La compra responde a una lógica clara: compensar la gran superioridad militar china con armas más pequeñas, móviles y difíciles de destruir, pero capaces de causar daños desproporcionados a una fuerza mucho mayor.

La doctrina del “puercoespín”

La modernización de la defensa taiwanesa busca convertir la isla en un objetivo demasiado costoso de conquistar. En lugar de igualar el tamaño de las fuerzas armadas chinas, Taiwán apuesta por una defensa asimétrica basada en sistemas dispersos, móviles y complicados de localizar. Los HIMARS encajan en ese planteamiento.

Su capacidad para disparar y cambiar rápidamente de posición reduce el riesgo de detección por radares o de ataques de represalia. Esa movilidad permite mantenerlos operativos incluso en un conflicto de alta intensidad.

Una señal también para Washington

La demostración no estuvo dirigida únicamente a China. Taiwán también buscó enviar un mensaje a Estados Unidos, en un momento en que sigue bloqueado un importante paquete de ayuda militar valorado en miles de millones de dólares. Las autoridades taiwanesas quieren mostrar que están dispuestas a asumir parte de su propia defensa y que las armas suministradas por Washington se están integrando en planes concretos para resistir una agresión.

En medio del debate sobre el compromiso estadounidense con la seguridad de la isla, cada ejercicio también refuerza la idea de que Taiwán se prepara seriamente para combatir si se concreta el peor escenario.

Una guerra cada vez más visible

La importancia de estas maniobras va más allá de los cohetes lanzados. Mientras los ejercicios chinos giran en torno a cómo aislar, rodear y eventualmente invadir Taiwán, las maniobras taiwanesas avanzan hacia otra pregunta: cómo destruir a una fuerza invasora antes de que pueda afianzarse en tierra.

La presencia de los HIMARS en las playas occidentales refleja ese cambio de doctrina. No se trata solo de mostrar un nuevo sistema de armas, sino de probar una respuesta concreta al escenario militar que más preocupa a la isla y que cada vez pesa más sobre la seguridad de la región del Indo-Pacífico.