La calidad del descanso depende de acostarse cuando el cuerpo está preparado para dormir
La calidad del sueño no depende solo de dormir muchas horas, sino también de hacerlo en el momento en que el organismo está biológicamente preparado para…
La calidad del sueño no depende solo de dormir muchas horas, sino también de hacerlo en el momento en que el organismo está biológicamente preparado para descansar. Esa es una de las claves que subrayan especialistas en medicina del sueño al analizar qué determina realmente un buen descanso.
Más allá de la cantidad de horas
La neuróloga y especialista en Medicina del Sueño Celia García Malo, codirectora de la Clínica CISNe de Madrid, explica que el descanso nocturno no se define únicamente por el número de horas dormidas. Según su planteamiento, también influye de forma importante el momento en que la persona se acuesta, porque el cuerpo no responde igual a todas las horas de la noche.
Ese enfoque refleja un cambio en la forma en que se estudia el sueño: la atención ya no se centra solo en cuánto se duerme, sino en cómo se alinean el reloj biológico, los hábitos y el horario de acostarse.
Lo que mostró el estudio de 2021
En 2021, Nikbakhtian y su equipo analizaron las rutinas de sueño de más de 100.000 adultos. A diferencia de otros trabajos basados en respuestas personales, esta investigación utilizó datos de una semana recogidos mediante acelerómetros de muñeca. Las conclusiones señalaron que acostarse entre las 22:00 y las 23:00 se asociaba con una menor incidencia cardiovascular.
El hallazgo no significa que acostarse lo más temprano posible sea siempre mejor. De hecho, irse a la cama antes de las 22:00 también aparecía como un problema. La conclusión apuntaba, más bien, a la importancia de encontrar el horario adecuado para cada contexto, sociedad o cultura.
La regularidad gana protagonismo
Otros análisis han reforzado la idea de que la constancia puede ser más relevante que la hora exacta. El equipo de Windred revisó datos de seis años de unas 60.000 personas y encontró que los cuartiles más regulares presentaron entre 20% y 48% menos mortalidad por todas las causas que los más irregulares.
La hipótesis de fondo es que las variantes genéticas se asocian más con el horario de sueño que con su duración o su calidad. En ese sentido, cuando se fija una hora estable para acostarse, el resto de elementos del descanso tiende a ordenarse con mayor facilidad.
Qué implican estos hallazgos
De este conjunto de observaciones se desprenden varias ideas prácticas: no existe una hora mágica universal para dormir, pero sí conviene buscar una ventana estable para acostarse. También es importante reconocer el cronotipo de cada persona y ajustar los hábitos a ese ritmo biológico.
Además, la higiene del sueño sigue siendo un factor clave. La luz, en particular, tiene un papel importante a la hora de favorecer o dificultar el descanso, incluso cuando se intenta mantener una hora fija para dormir.