La evaluación de la obesidad está cambiando. Nuevos criterios médicos señalan que el índice de masa corporal (IMC) ya no basta por sí solo para determinar si una persona vive con obesidad clínica, y un estudio publicado en Annals of Internal Medicine concluyó que, en Estados Unidos, una de cada cuatro personas con peso normal cumple con esa definición.
El IMC pierde peso como único parámetro
Durante años, el IMC se utilizó como referencia principal para valorar el estado de salud a partir de la relación entre peso y estatura. Sin embargo, esta fórmula no toma en cuenta aspectos clave como la composición corporal, la edad ni otros factores que pueden modificar el riesgo real de enfermedad.
Eso significa que una persona puede tener un IMC considerado normal y, aun así, presentar un porcentaje elevado de grasa corporal. Por esa razón, los especialistas plantean que el IMC puede seguir siendo una herramienta útil, pero no suficiente para establecer por sí solo un diagnóstico de obesidad o de salud general.
Más allá del peso y la estatura

La investigación difundida en Annals of Internal Medicine encontró que, con criterios más amplios y especializados, el 26% de las personas con IMC de peso normal y más del 50% de quienes tienen IMC de sobrepeso cumplían con los criterios de obesidad clínica.
La obesidad clínica se define como una enfermedad crónica sistémica causada por exceso de grasa que afecta tejidos y órganos, y cuyos síntomas limitan la vida diaria. Con base en esos hallazgos, los autores concluyen que los métodos tradicionales para diagnosticar la obesidad resultan insuficientes y que deben incorporarse signos y síntomas objetivos de mala salud a nivel individual.
Dos nuevas categorías para clasificar la obesidad
Francesco Rubino, profesor del King’s College London y presidente de una comisión global cuyo trabajo fue publicado en The Lancet Diabetes & Endocrinology, advirtió que considerar la obesidad solo como un factor de riesgo y nunca como una enfermedad puede retrasar o impedir el acceso oportuno a atención médica para quienes ya presentan problemas de salud por esa causa.
La comisión plantea distinguir entre obesidad clínica, en la que ya existe afectación de órganos y otros criterios de enfermedad, y obesidad preclínica, en la que la función orgánica se mantiene normal y no hay una enfermedad en curso, aunque sí existe riesgo.

Medidas complementarias al IMC
Además del IMC, los especialistas proponen sumar otros parámetros como la circunferencia de cintura, la relación cintura-cadera o la relación cintura-estatura. También sugieren medir directamente la grasa corporal mediante estudios como la densitometría ósea o DEXA.
La revisión de estos criterios busca evitar que personas con exceso de grasa corporal queden fuera del diagnóstico y, por tanto, sin la atención médica que necesitan. Con este enfoque, el peso deja de ser el único elemento para valorar la obesidad y pasa a ser parte de una evaluación más completa.
El impacto en los diagnósticos
Los nuevos criterios muestran que no todas las personas con sobrepeso o peso normal presentan el mismo nivel de riesgo, y que la evaluación médica debe considerar también el estado de los órganos y la presencia de síntomas. En ese marco, el IMC permanece como referencia, pero ya no como medida exclusiva para definir la obesidad clínica.
