Peter Thiel, cofundador de PayPal y Palantir, respalda una nueva apuesta tecnológica para la ganadería: collares inteligentes alimentados por energía…
Peter Thiel, cofundador de PayPal y Palantir, respalda una nueva apuesta tecnológica para la ganadería: collares inteligentes alimentados por energía solar que permiten seguir, guiar y vigilar a las vacas sin necesidad de levantar cercas físicas.
Una startup con una década de desarrollo
La empresa neozelandesa Halter lleva más de diez años trabajando en un sistema de collares con GPS e inteligencia artificial diseñado para gestionar el movimiento del ganado desde una aplicación. El fondo de Thiel participó recientemente en una ronda de financiación de 220 millones de dólares, encabezada por Founders Fund, que elevó la valoración de la compañía a 2.000 millones de dólares.
El sistema se basa en collares que emiten señales de audio y vibraciones para que los animales respeten límites virtuales definidos por el granjero. Según la empresa, las vacas aprenden a responder a esos estímulos en unos 10 días, un comportamiento que, asegura, coincide con lo que muestra la ciencia.
Datos sobre salud, movimiento y reproducción
Cada collar envía más de 6.000 datos por minuto a la nube. Esa información incluye métricas sobre salud, movimiento, fertilidad y comportamiento, lo que permite ajustar el pastoreo y mejorar la gestión reproductiva. Además de la compra inicial del dispositivo, el servicio funciona con una suscripción que en Estados Unidos cuesta entre cinco y ocho dólares por vaca, más el gasto de instalación de la infraestructura.
La compañía utiliza un sistema al que llama Cowgoritm, sustentado en un gran conjunto de datos con 7.000 millones de horas de comportamiento bovino, para interpretar los patrones de los animales y extraer conclusiones operativas.
Un negocio pensado para reducir desplazamientos y mano de obra
La propuesta busca aliviar algunas de las cargas más comunes de la ganadería extensiva. En un sector donde cada vez resulta más difícil encontrar trabajadores y donde muchos profesionales son de mayor edad, los traslados frecuentes a la finca suponen más tiempo y gasto de combustible para tareas de vigilancia y cuidado.
Halter plantea tres ventajas principales: elimina la necesidad de construir cercas para contener al ganado, reduce la dependencia de personal en el campo y permite detectar anomalías de salud a partir de métricas que, en fases tempranas, suelen pasar desapercibidas en algunas enfermedades.
Expansión internacional y conexión satelital
La financiación obtenida por la empresa está orientada a reforzar su presencia en Estados Unidos, Australia y Nueva Zelanda, además de abrirse paso en otros mercados como Irlanda, Reino Unido y partes de América del Norte y del Sur.
Para esa expansión, Halter prevé integrar su sistema con Starlink, una mejora pensada para operar en zonas con problemas de cobertura y reforzar la vigilancia del ganado en áreas remotas.
Costos, retorno y dudas sobre los datos
La tecnología agrícola sigue teniendo una penetración baja en la ganadería extensiva, un sector que depende mucho de la mano de obra. En Estados Unidos quebraron al menos 21 empresas vinculadas a este ámbito en 2025, en un contexto en el que muchas soluciones alternativas resultan costosas, difíciles de vender y con un retorno de inversión poco claro.
Más de la mitad de los profesionales del sector señalan los precios altos como principal obstáculo para incorporar nuevas tecnologías. En el caso de Halter, el cálculo del retorno parece más sencillo al considerar el ahorro en viajes y en personal, pero persisten otras incógnitas.
Una de ellas es la dependencia de un servicio de suscripción para sostener una parte central de la operación. Si el sistema falla o la empresa cambia sus tarifas, el ganadero queda expuesto a esa única alternativa. A eso se suma el riesgo de ataques y vulnerabilidades derivados de la conectividad, que podrían afectar tanto la explotación como el bienestar de los animales.
Además, una encuesta de la Universidad Estatal de Dakota del Sur entre agricultores del medio oeste de Estados Unidos señala que la privacidad de los datos es el segundo gran motivo de resistencia a estas tecnologías. En ese terreno, Halter no precisa con claridad qué destino tendrá el volumen de información que recopila sobre cada animal.