Circulan en redes sociales varios consejos virales para aliviar el estrés y la ansiedad, pero no todos cuentan con respaldo científico. Uno de los más…
Circulan en redes sociales varios consejos virales para aliviar el estrés y la ansiedad, pero no todos cuentan con respaldo científico. Uno de los más recientes asegura que basta con sacar la lengua durante 40 segundos para activar el nervio vago y “apagar” el cortisol. Sin embargo, no existe evidencia científica de que ese gesto tenga ese efecto en el organismo.
Una práctica que recuerda a una postura de yoga
La explicación más cercana para este tipo de movimiento podría estar en una postura de yoga llamada Simhasana. En esa técnica, la persona abre la boca, saca la lengua y regula la respiración mientras exhala con intensidad.
De forma general, este gesto puede funcionar como un estiramiento mandibular. Por eso suele recomendarse en personas con bruxismo o con tendencia a apretar la mandíbula por estrés o ansiedad. Al concentrarse en la postura y mantener una respiración constante, se reduce la carga muscular y se relaja la mandíbula, lo que puede generar una sensación de bienestar.
El nervio vago no se activa de manera simple
La idea de que sacar la lengua activa el nervio vago no tiene base científica. Aunque en redes sociales se presenta como un recurso fácil para calmar el estrés y la ansiedad, este nervio no se considera algo sencillo de estimular de forma directa.
El nervio vago es uno de los más importantes del cuerpo humano y cumple una función esencial en el sistema nervioso autónomo parasimpático. Se localiza en el bulbo raquídeo, lo que ya muestra que no es un punto accesible para una activación directa mediante un simple gesto.
Con el tiempo, los estudios lo han relacionado con funciones parasimpáticas clave, entre ellas la regulación del estrés y de la hormona cortisol. También participa en el control de la frecuencia cardíaca, la respiración y la actividad digestiva. Cuando aparecen episodios de ansiedad o estrés, estas funciones pueden verse alteradas, con efectos como aumento de los latidos, hiperventilación o distensión abdominal.
Aun así, el nervio vago no funciona como un interruptor del estrés que pueda encenderse o apagarse con facilidad. Su posible estimulación requiere terapias más complejas y un estudio profundo para determinar si es viable una activación directa que produzca efectos en el cuerpo humano.
El cortisol no se “apaga”
El cortisol forma parte del funcionamiento normal del cuerpo. Como ocurre con otros procesos de salud, ni el exceso ni la falta son deseables. Este compuesto está presente en funciones fisiológicas esenciales, incluso en el proceso de despertarse después de dormir.
Por eso, lo adecuado es mantenerlo en equilibrio. Cualquier mensaje que plantee “apagar el cortisol” resulta más sensacionalista que científico. La exposición excesiva al cortisol, como ocurre en el síndrome de Cushing, puede producir obesidad central, atrofia muscular, hipertensión e intolerancia a la glucosa. En cambio, la deficiencia de cortisol, como en la enfermedad de Addison, puede causar fatiga, hipotensión, pérdida de peso e hiperpigmentación.
La regulación del cortisol depende, en buena medida, de mantener en buen estado el sistema parasimpático, algo que se favorece con sueño reparador, alimentación saludable y práctica de ejercicio. Cuando la variación natural del cortisol se desequilibra, puede ser necesaria la atención psicológica o médica, siempre después de un diagnóstico claro que permita identificar la causa.