Con la llegada del calor, los toldos vuelven a ocupar un lugar visible en las fachadas y terrazas. En España, el verde sigue siendo uno de los colores más…
Con la llegada del calor, los toldos vuelven a ocupar un lugar visible en las fachadas y terrazas. En España, el verde sigue siendo uno de los colores más habituales, pero una advertencia técnica ha puesto en duda la idea de que cualquier lona protege del mismo modo frente al calor: un toldo verde oscuro puede comportarse, en determinados casos, como un foco de acumulación térmica junto a la ventana.
La advertencia sobre los toldos oscuros
El arquitecto técnico Jordi Martí plantea una comparación gráfica para explicar su posición: un toldo verde oscuro puede ser “como tener un radiador delante de la ventana”. Su argumento se apoya en un principio básico de la física de materiales: no todos los colores absorben la radiación solar de la misma manera.
La lógica es similar a la que se aplica a la ropa en verano. Los tonos claros reflejan mejor la radiación y se calientan menos, mientras que los colores oscuros absorben más energía y retienen más calor. En el caso de los toldos, esta diferencia puede marcar una gran variación en la temperatura de la lona y del espacio que queda debajo.
Cómo se comporta la lona frente al sol
Según esta visión, un toldo verde oscuro puede llegar a absorber entre un 80% y un 90% de la radiación solar, mientras que una lona negra se aproxima al 98%. Ese calentamiento intenso genera una especie de bolsa de calor estancada bajo el toldo, justo en la zona que se intenta proteger.
El problema, de acuerdo con este planteamiento, es que el calor acumulado termina afectando a la vivienda situada detrás de la ventana. En lugar de reducir la sensación térmica, la lona podría contribuir a que la energía se concentre en el entorno inmediato y eleve la temperatura del espacio protegido.
El respaldo de estudios sobre sombra y radiación
Para sostener esta postura, suele citarse el trabajo del arquitecto alemán Hubertus Pöppinghaus, especializado en el estudio de sombras y radiación. A partir del uso de cámaras termográficas, analizó el comportamiento de distintos materiales y observó los picos de temperatura que alcanzan los tejidos oscuros.
Entre sus conclusiones, plantea dos criterios para el diseño de las lonas: la cara exterior debe ser reflectante y de color claro, de modo que la radiación solar visible rebote y no se acumule calor; en cambio, la cara interior debe ser oscura, porque así se reduce la reflexión de la radiación solar de onda corta que rebota desde la calle y las aceras, y baja el flujo total de calor.
La respuesta de la industria del sombreado
La Asociación Española de Sombreado y Control Solar Dinámica discrepa de esa interpretación y defiende que el foco debe ponerse en la longitud de onda de la radiación. Su argumento es que la energía solar llega a la Tierra como radiación de onda corta, atraviesa los cristales de las ventanas y calienta el interior de las casas cuando incide directamente sobre ellos.
Cuando un toldo intercepta esa radiación, se calienta, pero la energía que reemite al ambiente ya no es radiación de onda corta, sino infrarroja de onda larga. La clave, según esta asociación, es que el cristal estándar de las ventanas no deja pasar ese tipo de radiación.
Desde esa perspectiva, resulta incorrecto afirmar que un toldo oscuro traslada el calor del exterior al interior a través del vidrio. La radiación térmica que emite la lona caliente choca contra el cristal y no entra en la vivienda. Para la industria, lo que realmente perjudica la eficiencia energética es permitir que el sol golpee directamente el vidrio, por lo que cualquier sistema que aporte sombra es positivo.