SpaceX desplegó el viernes sus primeros satélites Starlink de tercera generación durante el decimotercer vuelo de prueba de su cohete Starship, pero volvió a sufrir una falla con el propulsor Super Heavy durante una simulación de aterrizaje en el golfo de México.

Un vuelo con éxito parcial para Starship

La compañía logró completar la liberación de los nuevos satélites y también hizo una simulación de aterrizaje de la etapa superior de Starship después del despliegue. Esa etapa resistió la reentrada atmosférica y realizó un aterrizaje simulado en el océano Índico cerca de una hora después del despegue.

A diferencia de misiones anteriores, la nave no explotó al volcarse sobre el agua, sino que quedó flotando, lo que permitió a SpaceX examinar de cerca las baldosas del escudo térmico en la parte inferior. En esa maniobra, la empresa también pudo comunicarse con todos los satélites mientras estaban en el espacio.

El propulsor Super Heavy volvió a fallar

El problema estuvo otra vez en el propulsor Super Heavy, que no logró encender correctamente todos los motores necesarios para el encendido de aterrizaje simulado y terminó explotando tras impactar el agua más rápido de lo previsto.

Según la compañía, antes de este vuelo reemplazó seis motores para corregir un intento anterior que había sido abortado inmediatamente después del encendido. En mayo, ya se había registrado otra falla del propulsor en el primer vuelo de Starship V3.

Los satélites Starlink de esta misión se desintegraron en la atmósfera unos 20 minutos después de ser desplegados, porque Starship aún no alcanza la órbita terrestre. SpaceX sostiene que la capacidad de lanzar 60 de estos satélites con Starship podría representar un “aumento potencial de veinte veces” en la capacidad de enlace descendente frente a los que vuela un solo Falcon 9.

Sin embargo, la empresa advierte que esos avances serán más lentos y costosos si Starship sigue desechando el propulsor Super Heavy en vez de reutilizarlo.

En un video de la nave flotando en el agua puede verse el momento en que SpaceX logró examinar el vehículo de cerca: la nave quedó a la deriva sobre el agua.