Samsung estimó este viernes que la crisis ligada a sus teléfonos Galaxy Note 7 que estallan le costará más de 3.000 millones de dólares en su resultado de explotación los próximos dos trimestres, en la espera de que el aumento de las ventas de su otro móvil estrella amortigüe el golpe.
Esta advertencia acerca de los resultados llega dos días después del anuncio del gigante surcoreano de la electrónica de una rebaja de un tercio en sus previsiones de beneficio operacional para el tercer trimestre, también vinculada al fiasco del Galaxy Note 7, objeto de una desastrosa operación de recambio finalmente abandonada.
La producción del Galaxy Note 7 fue suspendida el martes, dos meses después de su lanzamiento, debido a defectos susceptibles de provocar la explosión del que estaba destinado a ser un producto estrella de última generación. El primer fabricante mundial de «smartphones» también pidió el martes a todos los distribuidores que dejaran de vender el aparato incriminado.
Samsung acabó ratificando el fracaso completo de este producto al pedir a los millones de personas que lo habían comprado en todo el mundo que lo apagaran como medida de seguridad, iniciativa nefasta para la imagen de la firma que enorgullece de la calidad de sus productos en tecnologías punteras.
