Las costas británicas atraviesan una expansión sin precedentes de pulpos comunes, un fenómeno que ya afecta a la pesca, a la economía local y al equilibrio marino. En apenas unos años, estos animales pasaron de ser una rareza en el suroeste de Inglaterra a colonizar amplias zonas de Devon, Cornualles, Gales, Dorset, Sussex e incluso Escocia.
Una explosión de población inédita en décadas
Durante años, encontrar un pulpo común en el suroeste de Inglaterra era un hecho excepcional incluso para buceadores experimentados. Esa situación cambió con rapidez y dio paso a la mayor explosión de población registrada en al menos 75 años en aguas británicas.
La expansión no se ha limitado a un punto concreto. Los ejemplares han ido extendiéndose por buena parte de la costa, en una dinámica que ha sorprendido a pescadores, científicos y gestores de recursos marinos por la velocidad del cambio.
El clima como factor decisivo
Los investigadores atribuyen este crecimiento a una coincidencia de factores. Los pulpos juveniles probablemente llegaron desde zonas reproductoras situadas en torno al Canal de la Mancha y el norte de Francia, pero el elemento que habría marcado la diferencia es el calentamiento progresivo de las aguas británicas.
Los inviernos suaves y unas temporadas de reproducción cada vez más cálidas habrían favorecido una mayor supervivencia. Además, la presencia de ejemplares jóvenes confirma que ya no se trata solo de visitas esporádicas, sino de una población capaz de completar su ciclo vital en estas costas.
La pesca de crustáceos, entre los principales perjudicados
La llegada masiva de pulpos ha tenido un impacto severo sobre parte de la pesca tradicional. Estos animales son depredadores muy eficaces y consumen grandes cantidades de marisco a diario. Entre los primeros signos del problema estuvieron las trampas vacías, la desaparición de langostas y capturas arruinadas.
En algunas zonas, los pescadores que dependen de la captura de crustáceos han sufrido caídas de entre 70% y 100% en sus resultados. La situación ha llevado al cierre de algunos negocios y, en ciertos casos, a la venta de embarcaciones. Los investigadores calculan que los pulpos están consumiendo toneladas de marisco cada día, alterando una cadena alimentaria que se había mantenido relativamente estable durante décadas.
Una oportunidad económica inesperada

La misma expansión que ha perjudicado a unos pescadores ha generado una oportunidad para otros. Allí donde antes dominaban las langostas y los cangrejos, ahora abundan los pulpos, y varios profesionales han adaptado rápidamente sus artes para aprovechar la demanda creciente en los mercados europeos.
En Brixham, por ejemplo, se vendieron recientemente más de 100 toneladas de pulpo en una sola jornada, con ventas superiores a medio millón de libras. Algunos pescadores aseguran estar obteniendo ingresos varias veces más altos que los que conseguían con la pesca tradicional, lo que ha provocado una auténtica fiebre por su captura a lo largo de la costa.
Un ecosistema en transformación
El efecto del fenómeno va más allá de la actividad pesquera. Los pulpos están alterando las relaciones entre distintas especies al consumir grandes cantidades de crustáceos y moluscos. Al mismo tiempo, también forman parte de la dieta de focas, congrios y delfines de Risso.
Para los científicos, el escenario refleja una reconfiguración completa del ecosistema marino, en la que cada cambio desencadena nuevos ajustes. Las aguas británicas atraviesan así un periodo de transición ecológica en el que reglas que parecían estables durante generaciones están dejando de funcionar como antes.
Un fenómeno parecido, pero con una diferencia clave
Ya se registraron explosiones de población similares a comienzos del siglo XX, en los años treinta y en los cincuenta. Sin embargo, en episodios anteriores los pulpos desaparecieron cuando las condiciones cambiaron de nuevo.
Esta vez, los investigadores creen que la situación podría ser distinta. Los inviernos lo bastante fríos como para reducir de forma drástica sus poblaciones llevan más de una década sin aparecer, y la evidencia de reproducción local, junto con la presencia de juveniles, sugiere que los pulpos podrían haber dejado de ser visitantes ocasionales para convertirse en habitantes permanentes de las costas británicas.
Autoridades en alerta ante una posible sobreexplotación
La magnitud del fenómeno ya está obligando a las autoridades a actuar. En Cornualles, por ejemplo, se estudian restricciones de emergencia para limitar el número de embarcaciones dedicadas a la captura de pulpos, ante el temor de una explotación excesiva de una población que hace apenas unos meses parecía inagotable.
Mientras tanto, científicos, pescadores y gestores de recursos intentan determinar qué significa realmente este cambio. La expansión de los pulpos dejó una enseñanza clara: el calentamiento de los océanos no solo modifica temperaturas o corrientes, sino también qué especies dominan un ecosistema. En las costas británicas, los nuevos protagonistas son animales que hasta hace poco eran una rareza y que ahora devoran todo lo que encuentran a su paso.
