China puso en marcha en Qingdao una base eléctrica prefabricada para centros de datos que busca resolver uno de los principales cuellos de botella de la…
China puso en marcha en Qingdao una base eléctrica prefabricada para centros de datos que busca resolver uno de los principales cuellos de botella de la inteligencia artificial: garantizar electricidad estable, eficiente y en tiempos de construcción más cortos para instalaciones de alto consumo computacional.
Una base pensada para el “corazón” energético del centro
La instalación comenzó a operar el 6 de junio y fue presentada como la primera base prefabricada del mundo para centros de computación. No se trata de una sala de servidores, sino de la infraestructura que permite que esa sala funcione: el sistema encargado de suministrar energía continua y estable.
Fabricada por TGOOD, la estructura mide aproximadamente 53 metros de largo por 41 de ancho y ocupa unos 2.200 metros cuadrados. La propuesta consiste en trasladar buena parte del trabajo de obra desde el terreno a la fábrica, de modo que los componentes lleguen ya integrados.
Más componentes listos antes de llegar al proyecto
La solución agrupa transformadores de alta tensión, equipos de media tensión, sistemas de protección, control, comunicaciones y otros elementos necesarios para conectar el centro de datos a la red eléctrica. La empresa afirma que sus 167 módulos funcionales se prefabrican y calibran antes de su traslado al proyecto.
Ese enfoque busca reducir los tiempos y la complejidad de despliegue. Entre las metas anunciadas figuran una caída de casi 70% en el ciclo de construcción frente a una alternativa tradicional, una reducción superior a 30% en el espacio ocupado y un recorte cercano a 20% en el costo total.
También se habla de un ahorro de alrededor de 80% en obra civil y de una ejecución que, en el escenario más rápido, podría completarse en cinco meses.
Cómo se alimenta y qué promete ahorrar
Además de acelerar la construcción, la base fue diseñada para integrarse directamente con energía verde y favorecer su aprovechamiento local al 100%, apoyándose en sistemas de almacenamiento para ajustar mejor la oferta eléctrica a la demanda de computación.
Según las cifras divulgadas por la compañía y recogidas por medios estatales chinos, el costo eléctrico por token podría disminuir cerca de 30% si el sistema funciona como está planteado.
Un reto que ya es global
El movimiento llega en un contexto en el que el consumo eléctrico de los centros de datos sigue aumentando. La Agencia Internacional de la Energía prevé que la demanda global de estas instalaciones se duplique y alcance unos 945 TWh en 2030.
La diferencia de tiempos es parte del problema: un centro de datos puede entrar en operación en dos o tres años, mientras que ampliar la red eléctrica, la generación y el resto de la infraestructura energética suele requerir plazos mayores.
La apuesta china no resuelve todos esos desafíos, pero sí apunta a varios de los más inmediatos: espacio, rapidez de construcción, conexión a la red y, de acuerdo con las cifras divulgadas por sus impulsores, un mejor encaje con energía más limpia.