La hipertensión arterial es uno de los problemas de salud más frecuentes y, al mismo tiempo, uno de los que más suele pasar desapercibido. Muchas personas…
La hipertensión arterial es uno de los problemas de salud más frecuentes y, al mismo tiempo, uno de los que más suele pasar desapercibido. Muchas personas viven con la presión elevada sin notarlo y otras restan importancia a las cifras altas porque se sienten bien, aunque ese cuadro puede aumentar de forma importante el riesgo cardiovascular.
Un problema extendido y silencioso
En España, uno de cada tres adultos es hipertenso, lo que equivale a alrededor de 10 millones de personas. El principal riesgo de esta enfermedad es que avanza sin síntomas claros, por lo que puede causar daño durante años sin que la persona lo perciba. Por esa razón, se la conoce como el “asesino silencioso”.
La hipertensión figura entre los principales factores de riesgo de infarto, ictus, insuficiencia cardíaca y lesión de órganos. Aunque no siempre provoca señales evidentes, la presión alta somete al sistema cardiovascular a un esfuerzo constante que, con el tiempo, puede afectar el corazón, el cerebro y los riñones.
Qué cifras se consideran normales
La presión arterial ideal se sitúa por debajo de 120/80. Cuando los valores alcanzan 140 de máxima y 90 de mínima, ya se considera hipertensión. A partir de ese punto, el organismo trabaja bajo una carga mayor que puede mantenerse en el tiempo y derivar en complicaciones.
Hábitos que favorecen la presión alta
Entre los factores relacionados con el estilo de vida que más favorecen la hipertensión destacan el descanso insuficiente, el sedentarismo, el estrés continuo, el tabaco, el alcohol y una alimentación poco adecuada. Dentro de este último punto, la sal presente en los ultraprocesados ocupa un lugar central.
Gran parte del sodio que se consume a diario no proviene únicamente del salero, sino de productos preparados, embutidos, snacks, salsas y platos precocinados. Por eso, reducir este tipo de alimentos puede ayudar a proteger la salud cardiovascular.
Cómo reducir el riesgo
La hipertensión puede prevenirse y, en muchos casos, mejorar con cambios cotidianos. Caminar más, incorporar ejercicio de forma regular —especialmente trabajo de fuerza—, dormir mejor y controlar la tensión arterial con frecuencia son medidas básicas para vigilar su evolución.
La alimentación también tiene un papel clave. Aumentar el consumo de potasio puede contribuir al equilibrio de la presión arterial. Este mineral está presente en alimentos como el plátano, el aguacate, el kiwi, el tomate y las legumbres.
El magnesio también participa en la relajación de los vasos sanguíneos y puede obtenerse de frutos secos, cacao, semillas, verduras de hoja verde y legumbres. El calcio resulta igualmente importante en el control de la tensión, y se encuentra en lácteos, sardinas, legumbres y frutos secos.
Además, la fibra y los omega 3 ayudan a cuidar la salud cardiovascular y a controlar procesos inflamatorios vinculados con diversas enfermedades metabólicas.
El ritmo de vida acelerado, el estrés y la alimentación rápida forman parte de la rutina de millones de personas, pero los especialistas insisten en la necesidad de revisar la tensión con regularidad y no normalizar cifras elevadas. La hipertensión puede no dar avisos, pero sus consecuencias sí pueden llegar.