Amazon divulgó los datos de consumo de agua de sus centros de datos, una decisión poco habitual en una industria que suele reservar este tipo de…
Amazon divulgó los datos de consumo de agua de sus centros de datos, una decisión poco habitual en una industria que suele reservar este tipo de información. La cifra más llamativa es de 2.500 millones de galones al año, casi 9.500 millones de litros, utilizados por sus servidores. Eso equivale aproximadamente al 5% del consumo anual de agua del área metropolitana de Seattle.
La compañía sostiene, sin embargo, que ese volumen debe analizarse en contexto y que sus instalaciones consumen menos agua que otras actividades intensivas, como los campos de golf, los lavaderos de coches, la industria de producción cárnica o la textil. Al mismo tiempo, destaca que su desempeño en eficiencia hídrica es mejor que el de varios de sus competidores en la nube.
La métrica que mide el impacto
Para evaluar el uso de agua en un centro de datos se emplea la efectividad en el uso de agua, conocida como WUE por sus siglas en inglés. Esta métrica calcula cuántos litros se consumen por cada kilovatio-hora de energía entregada a los servidores. Amazon asegura que su WUE es de 0,18 litros por kWh, por debajo de los 0,27 litros por kWh de Microsoft y de los 1,1 litros por kWh que Google registra en algunas de sus instalaciones.
Esa diferencia, según la empresa, refleja que no todos los grandes operadores de infraestructura en la nube logran refrigerar sus centros de datos con la misma eficiencia.
Cómo enfría Amazon sus servidores
Los centros de datos generan grandes cantidades de calor y Amazon explica que utiliza sistemas de refrigeración por evaporación directa. En lugar de depender de grandes equipos de aire acondicionado, la compañía toma aire del exterior y lo hace pasar por paneles húmedos. De esa forma, el agua se evapora, absorbe el calor y reduce la temperatura de las salas donde están ubicados los servidores.
Ese proceso, no obstante, tiene una consecuencia inevitable: el agua que se evapora se pierde en la atmósfera y no puede reutilizarse de inmediato en los ecosistemas locales. La compañía reconoce que esto puede provocar caídas de presión en las reservas de las zonas cercanas cuando se registran olas de calor.
La ubicación también influye
Amazon afirma que parte de su ventaja obedece a la localización de sus centros de datos. Buena parte de ellos se encuentra en regiones templadas o frías del hemisferio norte, donde el uso de aire exterior para refrigeración, conocido como free cooling, puede aprovecharse durante más del 80% de los días del año.
En cambio, otros operadores han tenido que instalar sus centros de datos en zonas desérticas y muy cálidas, donde la necesidad de inyectar agua a presión de manera constante es mayor.
Compromiso de devolver más agua de la que consume
Para compensar el impacto de su consumo hídrico, Amazon se ha comprometido a devolver a las comunidades locales más agua de la que utiliza para 2030. Esta estrategia, llamada water positive, incluye iniciativas como la restauración de cuencas hidrográficas y la construcción de plantas de tratamiento de aguas residuales.
Aun así, este planteamiento ha recibido críticas. Hay voces que consideran que se trata de una medida de imagen que no resuelve la escasez inmediata que enfrentan los pozos de donde los centros de datos extraen agua, sobre todo en pleno verano.
La publicación de estos datos rompe con la opacidad habitual en torno al uso de recursos naturales por parte de las grandes tecnológicas, pero también deja en evidencia la magnitud del desafío que plantean el consumo de agua y energía de los centros de datos. Con la expansión de los proyectos vinculados a la inteligencia artificial, el seguimiento y la regulación de estos consumos aparece como una necesidad cada vez más evidente.