Desde 2020, el sector de los semiconductores pasó a ocupar un lugar central en la economía digital y en la disputa global por el poder tecnológico. La pandemia de la covid-19 elevó su importancia estratégica, mientras que los confinamientos alteraron las cadenas de suministro y frenaron la producción de numerosos bienes.
De la pandemia al auge de la IA
La crisis sanitaria dejó en evidencia el peso de la microelectrónica en actividades cotidianas e industriales. La interrupción de la logística internacional provocó un efecto dominó que afectó a una amplia variedad de sectores, y consolidó a los chips como un componente clave del funcionamiento económico.
A partir de 2023, la expansión masiva de la inteligencia artificial reforzó aún más ese protagonismo. Ese despliegue no puede entenderse sin los avances previos en semiconductores, que hicieron posible el desarrollo de sistemas más potentes y extendieron el alcance de la IA en múltiples áreas.
Un eje de progreso y geopolítica
Los chips se han convertido en el centro de la innovación tecnológica y también de la geopolítica internacional. Su capacidad para alterar cadenas productivas, definir ventajas competitivas y condicionar el desarrollo de sectores enteros los ha llevado a tener un impacto económico sin precedentes.
