El impulso por usar inteligencia artificial al máximo, que a comienzos de este año se volvió una tendencia fuerte en Silicon Valley, empezó a chocar con los costos reales para las empresas. Varios directivos alentaron a sus equipos a llevar el uso de estas herramientas hasta el límite, pero después llegó la factura.
Ajustes en el gasto y en las herramientas
Entre los movimientos que reflejan esa corrección, Uber habría agotado en pocos meses su presupuesto anual destinado a IA. Otras compañías recortaron licencias de Claude en distintas áreas de sus organizaciones, mientras que Meta eliminó su tablero interno de posiciones.
Ese contraste entre una adopción acelerada y el control del gasto muestra que muchas empresas todavía están definiendo cuál es el retorno de inversión real de la inteligencia artificial y hasta dónde conviene sostener su uso a gran escala.
