La Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (Aemps) está impulsando una estrategia para retrasar entre 2 y 3 días el inicio de algunos antibióticos y comprobar primero si la infección mejora por sí sola.
La llamada prescripción diferida se plantea sobre todo cuando hay dudas sobre si el origen es viral o bacteriano. El profesional receta el fármaco, pero pide al paciente que no lo retire ni lo tome de inmediato, salvo que los síntomas empeoren o no mejoren.
Una medida que la Aemps extiende con las comunidades
La Aemps trabaja en esta fórmula con las comunidades autónomas dentro del Plan Nacional frente a las Resistencias a los Antibióticos (PRAN). Según la agencia, hace dos semanas se constituyó un grupo de trabajo con las comunidades y con profesionales sanitarios para evaluar su implantación y extenderla allí donde todavía no esté integrada.
La Comunidad Valenciana fue pionera al introducir la prescripción diferida para infecciones respiratorias agudas leves mediante receta electrónica, de forma que la dispensación se activa 24/48 horas después.
Un informe de 3.750 pacientes respalda el cambio
El PRAN encargó en 2024 a la Red Española de Agencias de Evaluación de Tecnologías Sanitarias y Prestaciones del SNS (RedETS) un informe sobre la efectividad y la seguridad de esta medida. Tras revisar 12 ensayos clínicos aleatorizados y datos de 3.750 pacientes, concluyó que reduce significativamente el uso de antibióticos frente a la receta inmediata.
El análisis señaló que el dolor y el malestar pueden ser algo mayores a corto plazo con la prescripción diferida, pero la duración de los síntomas es similar, igual que la satisfacción de los pacientes y la tasa de reconsulta. También indicó que no hubo más complicaciones ni diferencias relevantes en efectos adversos.
El cambio alcanza a 15 presentaciones de uso común
De forma paralela, la Aemps lleva 15 meses trabajando para poner fin a los formatos de antibióticos de 30 comprimidos, que afectan a 15 presentaciones de uso común como la amoxicilina o la fosfomicina.
Los laboratorios ya dejaron de producirlas, aunque convivirán durante unos meses con los formatos cortos hasta agotar existencias. La desaparición definitiva de las farmacias está prevista entre el primer trimestre y mediados del año próximo.