No todo el calzado de verano sirve para andar largas distancias. Un podólogo explica qué rasgos debe tener una sandalia para dar estabilidad y aliviar molestias.
Con el calor, muchas personas dejan las zapatillas y pasan a sandalias o chanclas. El problema es que no todos esos modelos son adecuados para caminar durante horas o recorrer largas distancias.
Las chanclas de dedo, solo para trayectos cortos
Las chanclas de dedo, como las típicas Hawaianas, no sujetan el talón. Eso obliga al pie a hacer más esfuerzo para mantenerlas en su sitio y puede favorecer dedos en garra, sobrecarga en la planta del pie y molestias como la fascitis plantar.
Su uso no está descartado, pero se recomienda para ir a la playa, a la piscina o a las duchas del gimnasio, siempre que no haya que caminar demasiado.
Qué debe tener una sandalia para caminar bien
Para pasear, hacer turismo o pasar muchas horas de pie, una buena sandalia debe tener sujeción por detrás, algo de amortiguación, estabilidad y una suela que agarre bien. También conviene que permita ajustar las tiras, porque no todos los pies tienen la misma forma.
Entre las opciones más conocidas están las sandalias tipo Birkenstock. A algunas personas les funcionan muy bien, sobre todo si su arco plantar coincide con la forma de la plantilla, pero pueden resultar incómodas en pies muy planos, en personas con artrosis o en plantas sensibles, por ese arco tan marcado.
El podólogo destaca como una de sus favoritas la Teva Aventrail, una mezcla entre sandalia y zapatilla para caminar, con buena amortiguación, ligera elevación en el talón, muy buen agarre y sujeción excelente. También menciona las sandalias tipo modelos de senderismo de Quechua, por su relación calidad-precio y por sujetar bien el pie.
Si se busca una alternativa más estética, señala la Gioseppo Lunenburg, una sandalia de marca española con buena amortiguación, suela cómoda, cierres ajustables y un diseño más fácil de combinar. Puede ser una buena opción para personas con fascitis plantar, metatarsalgia o molestias en la planta del pie, siempre que al probarla resulte cómoda.
En resumen, para trayectos cortos casi cualquier sandalia puede servir, pero para caminar mucho conviene priorizar sujeción en el talón, amortiguación, estabilidad y espacio suficiente para los dedos. No existe una sandalia perfecta para todo el mundo, sino la más adecuada para cada pie y cada actividad.
Cuándo una sandalia deja de ser una buena opción
Si el calzado no sostiene bien el talón, no amortigua lo suficiente o aprieta en la zona de los dedos, puede dejar de ser práctico para el uso prolongado. En esos casos, el propio pie termina compensando y el esfuerzo se nota más con el paso de las horas.