Para millones de personas, el café es mucho más que una bebida matutina para despertar; la ciencia ha ido acumulando pruebas sobre los múltiples beneficios que aporta a la salud humana, disipando los viejos debates sobre si resulta perjudicial.
Propiedades antioxidantes y control del azúcar
Una de las propiedades más destacadas del café es su elevado poder antioxidante. En la dieta occidental, el café se sitúa por encima de las frutas y verduras, gracias a compuestos como el ácido clorogénico que neutralizan los radicales libres y evitan que el estrés oxidativo dañe las células y el ADN.
Además, los polifenoles presentes en el grano disminuyen los marcadores de inflamación crónica de bajo grado, una inflamación silenciosa considerada el motor subyacente de la mayoría de las patologías cardiovasculares y metabólicas asociadas a la edad.
En el plano metabólico, componentes como la trigonelina ayudan al organismo a procesar mejor el azúcar en sangre. Esto incrementa la sensibilidad a la insulina y protege a las células del páncreas, lo que explica una menor probabilidad de desarrollar diabetes tipo 2 entre los consumidores habituales.
Dosis ideal y método de preparación
Estudios recientes aportan luz sobre las cantidades recomendadas. Un seguimiento exhaustivo a más de 130.000 personas publicado en la revista científica JAMA concluyó que el máximo efecto protector a nivel cognitivo se obtiene al consumir entre 2 y 3 tazas al día, cifras que se mantienen por debajo del límite de seguridad de 400 mg de cafeína diarios fijado por las autoridades europeas.
Asimismo, la forma de preparar la bebida influye de manera directa en los riesgos cardiovasculares. El café contiene cafestol y kahweol, sustancias capaces de elevar el colesterol LDL. Al respecto, un estudio noruego realizado durante 20 años confirmó que el café filtrado mediante papel retiene dichos compuestos y se asocia a una menor mortalidad, a diferencia del café sin filtrar.




