Salud

La zuliana Vanesa Rosales nos cuenta su testimonio: Perdí 110 kilos

Testimonio  La zuliana Vanessa Rosales, una comunicadora social, de 25 años, cuenta en primera persona a PANORAMA, cómo su vida cambió después de  adelgazar. Ganó un reality show y se operó con el mismo doctor que intervino al vallenatero Silvestre Dangond y a Diego A. Maradona.      

 

 

 “A los 11 años pesaba 111 kilos, cuatro veces más que una niña de  esa edad; era presa en mi sobrepeso. Aunque  le decía al mundo que Vanessa Rosales era feliz, eso solo me lo creía yo.

 ¿Acaso una persona  a la que no le dan una silla en un restaurante porque se puede ‘romper’ es feliz?  Pese a no estar   a gusto con mi cuerpo aprendí a aceptarme como era. A lo mejor era resignación. Hoy pienso que solo fue conformismo.

Llegué a pesar 210 kilos. El mayor sobrepeso lo gané entre los 21 y 23 años. Aún no tengo la explicación del por qué, pero pienso que probablemente en esos dos años controlaba menos la ansiedad. Vivía para comer, no consideraba el alimento como una forma de subsistencia, si no como una manera para solucionar mis problemas.  Si estaba feliz comía, si estaba triste comía, con el estrés me atragantaba y  bajo presión también comía; lo hacía por todo. 

Cada bolívar que ganaba era para comprar chucherías, eran mi gran vicio y las culpables de usar talla de blusa 5XL. Me podía sentar a ver televisión con un helado de dos litros y en cinco minutos, antes de que se derritiera, me lo comía… eso sí,  no lo compartía. ¡El helado era para mí sola! 

El espejo nunca fue mi enemigo, me gustaba verme porque siempre me vi bonita. Mis enemigos estaban en la calle, los que sin importar, como me sintiera, ni saber cuál era mi realidad, me gritaban calificativos en la calle por ser gorda. “Ballena”, “hipopótamo”, “tapón de océano” y “Nevera de tres puertas”, eran los más comunes que mis oídos podían escuchar.  

Me enfrenté, además, al cyberbulling. Una vez, colocaron una foto mía sobre un caballito de madera y la viralizaron a través de una cuenta venezolana en Instagram. Me sometieron a la burla y al escarnio público. Gracias al apoyo de mis amigos y a Vanessa Senior, la fotografía fue eliminada por una campaña que realizamos, después hasta me ofrecieron disculpas. 

Hacer cosas tan cotidianas como montarme  en un autobús o tomar un taxi era imposible para mí. Los buses no me paraban, los choferes decían que no cabía por la puerta y los taxistas que les iba a dañar los amortiguadores al carro. Pasaba horas en una parada, pensando que a lo mejor, ese día encontraría un chofer que pensara diferente y me dejara embarcar; pues nunca ocurrió. Después de tanto esperar, me tocaba ir a pie a la universidad. 

En mi adolescencia jamás supe lo que fue entrar a un probador de una tienda y comprarme la blusa que estaba de moda. Era imposible, no había talla que me pudiera quedar. Toda mi ropa era mandada a hacer a  una costurera. Los  pantalones no tenían medida y casi todos eran de tela elástica.  

Trotar era desconocido para mí. Apenas podía agacharme a recoger algo que se había caído al piso. Me gustaba caminar, pero por mi sobrepeso mórbido, después de unos cuantos pasos o unos escalones subidos, el dolor en las rodillas era insoportable.

 Probé todas las dietas habidas y por haber… la de la compota, manzana, piña con atún, cero dulces, cero grasas, nada de refresco y pare de contar. Fui a consulta con varios nutricionistas, psicólogos, psicoterapeutas, entrenadores físicos y  no obtuve mayor resultado. ¡Seguía siendo una gorda!

Todos los lunes decía hoy comienzo, todos los primero de cada mes decretaba ¡Hoy sí! Y después de una tentación o un “cachito”, caía de nuevo… en el vicio: los dulces, las frituras, las comidas.

 

Llegué a pesar 210 kilos. El mayor sobrepeso lo gané entre los 21 y 23 años. La zuliana Vanessa Rosales nos cuenta su testimonio: Perdí 110 kilos  

 

El primero de enero de 2014, caí en el famoso “punto de quiebre”, tuve una especie de sacudón en mi vida, la voz de una Vanessa Rosales que pedía a gritos un cambio. Por fin escuché e hice caso a esa voz. Ese fue el año en que renací.

Me voy a Caracas a realizar un tratamiento de hipnosis con un especialista que conocí a través del programa de televisión de Cala. Aunque muchas personas dicen que el método no funciona, yo con él rebajé mis primeros 17 kilos.

Después de perder casi 20 kilos llegó el proceso de estancamiento o pérdida de peso lenta. Yo no entendía en ese momento lo que era eso, solo sabía que no perdía más peso y  me frustraba.

En esa etapa de mi vida conseguí la oportunidad de oro para lograr mi meta del 2014. Me enteré que había un reality show de televisión nacional  para obesos. Al principio dudé de la idea  porque generalmente en ese tipo de programas ridiculizan a las personas con sobrepeso, pero el espacio ‘Reto en forma’ conducido por María Rachid era distinto. 

Cuando decidí postularme para el programa, ya el proceso de inscripción había pasado y hasta los participantes estaban elegidos, pero insistí tanto hasta que logré un puesto para mí.  Y como dicen que  ‘lo que es del cura, va para la iglesia’, el puesto que faltaba en el reality show fue mío.

Comenzamos la grabación en junio de 2014 y la terminamos en noviembre.  En ese periodo bajé 15 kilos más para un total de 35 en lo que iba de año; un comienzo nada mal. El día que gané el reality show con más de 4.500 votos en las redes sociales, me enteré que como premio me darían una cirugía de derivación gástrica.

El proceso que vino después fue tan complicado como el que ya había atravesado, hasta me enfermé. Me sometí a muchas pruebas y estudios preoperatorios, tantos que  la colecistectomía por vesícula estrangulada y bypass gástrico anillado  se concretó cinco meses después; el 11 de abril de 2015.

 Me operó  el médico  Guillermo Borjas Salas y Carlos Felipe Chaux; el mismo que intervino a Silvestre Dangond y a Diego Armando Maradona, la última vez en Maracaibo. 

A mis 25 años puedo decir que soy una mujer nueva, aprendí a quererme más.  He bajado  110 kilos, actualmente estoy en 100.  Aunque de nuevo  atravieso un proceso de estancamiento, no desmayo porque sé que es normal. Los médicos dicen que mi peso ideal   es  60 kilos, pero yo con 80 me sentiría bien.

Hoy volteo  y no culpo a nadie de la obesidad que sufrí, ni a los tantos doctores a los que fui. El problema era yo que no tenía   perseverancia. El problema era yo, que después de bajar cinco kilos me sentía ‘flaca’ y volvía a aumentar de peso con rapidez.

No sirvieron todas las veces que  mis allegados me dijeron ‘estás a tiempo’, ‘hazlo ahora’, ‘es tu momento’. Yo fui la única que marcó un antes y un después en mi vida. Me arrepiento de no haber tomado la decisión de cambiar antes, pero dicen que ‘el tiempo de Dios es perfecto’ y no lo discuto; lo acepto.

Siento que soy un niño volviendo a crecer. Troté por primera vez en 25 años y me sentí  encantada, me monté en un bus y como no había puesto un caballero me cedió su asiento, por muy habitual e insignificante que fue esa experiencia, para mí  fue nueva y valiosa.

  Ahora me veo los huesos y los puedo sentir. Me toco los brazos y los acaricio, yo sabía que tenía huesos y que existían, pero jamás los había podido palpar.

Dejé de sufrir trastornos de sueño e insuficiencia respiratoria, puedo dormir mejor  y hasta  tengo sueños.

En el amor  también he vivido experiencias nuevas. Más hombres se fijan en mí y me ven como una mujer bonita. 

Conseguí un trabajo estable  y cuando voy al cine o al teatro puedo sentarme perfectamente y sin problemas.

Mi vida cambió por completo y yo estoy cambiando la de los demás. Soy un buen ejemplo a seguir. Una adolescente de, 16 años, de Chile, me sigue por las redes sociales, dice que yo soy su modelo a seguir y ya bajado casi 20 kilos.

No deseo hacer un show de mi pérdida de peso, pero si deseo ser  un testimonio que ayude a salir de los barrotes del sobrepeso a personas encarceladas en la obesidad”. 

 

Dejé de sufrir trastornos de sueño e insuficiencia respiratoria, puedo dormir mejor. La zuliana Vanessa Rosales nos cuenta su testimonio: Perdí 110 kilos  

 

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