La relación entre la comida y mi cuerpo ha sido un punto de stress en mi vida desde la adolescencia. En algunos momentos más disimulada, en otros muy evidentes, pero la comida y mi cuerpo habían sido motivo de premios y castigos. Nunca de paz. Desde hace algunos años, comencé a mirar esta historia con otros ojos. Con la mirada del amor, en lugar de la de mis juicios. Y comenzó una nueva historia que ahora estoy transitando, de aceptación y trabajo interior, la que me llevó a lograr lo que siempre había querido, pero de una manera diferente. Comer y hacer ejercicio dejaron de ser una tortura para transformarse en una manera de disfrutar mi vida. Y en este camino, tuve algunos “darme cuenta” que les comparto en “La comida no es amor”, un nuevo curso en bevioneonline.com Pero para que vayas reflexionando y abriendo espacio interno antes de escucharlo, trabajarlo y experimentar la transformación, te comparto estas ideas que fueron llegando mientras vivía mi propio proceso: – Tratamos de guardar, disimular o cubrir nuestros miedos con comida, sobre todo el miedo a ser nosotros mismos.
– El primer paso es aceptar que el problema no está en el nivel del cuerpo, de la alimentación, sino en un nivel menos perceptible, el de nuestra mente y nuestro espíritu. Son razones emocionales y psicológicas que están escondidas detrás de nuestra urgencia por llegar a la heladera y sentir el gusto de nuestra comida favorita, o la que tengamos a mano. Buscando sentir algo más fuerte que el miedo que no queremos experimentar, quizás porque ni siquiera lo conocemos.
– El cuerpo es neutral, es solo un efecto. No solo en lo que comemos, sino de la relación que tenemos con nosotros mismos. El cuerpo sostiene miedo o deja fluir amor. Y entenderlo nos llevará a ocuparnos de lo que realmente hará que nuestro cuerpo nos encante, tanto como nos encantamos de ser nosotros mismos. Darnos cuenta que el cuerpo es el efecto, no la causa, esa es la idea. Y sobre la verdadera causa es que debemos trabajar.
– Desde que, en algún punto, nos desconectamos del amor, comenzamos a sentir miedo. Y, sin saberlo, buscamos otra vez la experiencia del amor… pero a través de la comida. Buscamos algo que creemos que podemos controlar. Desde ese momento, hemos buscado lo que necesitamos, pero en un camino que no nos lleva hacia la solución. Le terminamos pidiendo a la comida y al cuerpo, lo que solo el amor puede darnos. Y así, entramos en una historia de sacrificio. El sacrificio que es el argumento de supervivencia del miedo. Y nos sacrificamos con dietas, ejercicios que exigen al cuerpo más de lo que puede dar, y terminamos maltratándonos…cuando lo que buscábamos es amor.