Las hormonas trabajan en el organismo a cada segundo, aunque no siempre se note. Son moléculas mensajeras producidas por distintas glándulas y tejidos, y su función es coordinar procesos tan diversos como el metabolismo, el sueño, la digestión, el apetito, la temperatura corporal, la fertilidad, la energía y la respuesta al estrés.

Más que un asunto aislado de la reproducción, se trata de una red interna que ayuda a que el cuerpo funcione de forma ordenada. Cuando una hormona se libera, viaja por la sangre y activa receptores específicos en distintos tejidos, como si encajara una llave en una cerradura.

Los estrógenos no solo hablan de fertilidad

Los estrógenos suelen asociarse con el ciclo menstrual, pero su alcance es mucho mayor. Intervienen en la sensibilidad a la insulina, la salud cardiovascular, la densidad ósea, la producción de colágeno, la microbiota intestinal, la inflamación y el funcionamiento cerebral.

El cerebro femenino posee una gran cantidad de receptores para estrógenos, por lo que cambios en estas hormonas pueden reflejarse en la memoria, la concentración o el estado de ánimo, especialmente en la perimenopausia.

Tan importante como tener estrógenos es mantenerlos en equilibrio. Un predominio estrogénico puede relacionarse con reglas abundantes, síndrome premenstrual intenso, sensibilidad mamaria, retención de líquidos, hinchazón, migrañas e irritabilidad. En algunos casos, el problema no está en cuánto estrógeno hay, sino en cómo el hígado y el intestino lo metabolizan y eliminan.

Cuando los niveles bajan, como ocurre en la transición a la menopausia, pueden aparecer sofocos, sequedad vaginal, trastornos del sueño, pérdida de masa muscular, cambios en la distribución de la grasa corporal y menor protección cardiovascular y ósea.

Progesterona y testosterona: las otras piezas del equilibrio

La progesterona suele quedar en segundo plano, pero es clave. Se produce principalmente después de la ovulación y tiene un efecto regulador sobre el sistema nervioso. Muchas mujeres asocian niveles adecuados con más calma, estabilidad emocional y mejor capacidad para gestionar el estrés.

También influye en la temperatura corporal, la calidad del sueño, la preparación del endometrio para un posible embarazo y el funcionamiento de la musculatura lisa, incluida la del intestino. Cuando es insuficiente, pueden aparecer síndrome premenstrual más intenso, irritabilidad, ansiedad, alteraciones del sueño, sangrados más abundantes y ciclos más cortos.

La testosterona tampoco es exclusiva de los hombres. Las mujeres también la producen y la necesitan para sostener la masa muscular, la energía, la motivación, la salud ósea y el deseo sexual. Además, participa en funciones cognitivas vinculadas con la iniciativa, la confianza y la sensación de vitalidad.

Si está baja, pueden surgir cansancio, pérdida de fuerza, menor recuperación, apatía y caída de la libido. Si está demasiado alta, puede asociarse con acné, aumento de vello corporal o facial, caída del cabello con patrón masculino e irregularidades menstruales. La clave, en todos los casos, es el equilibrio.